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PERSPECTIVAS DE INVERSIÓN

El excepcionalismo estadounidense: cinco reflexiones sobre dos realidades

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2027-03-31
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Al hablar del concepto de excepcionalismo estadounidense, es decir, los mejores resultados relativos de este mercado de forma sostenida frente a otros, coexisten dos realidades:

  1. El excepcionalismo estadounidense sigue intacto
  2. El excepcionalismo estadounidense va a menos

Antes de exponer algunos argumentos sobre esta paradoja, me gustaría explicar de dónde venimos y hacia dónde podríamos dirigirnos respecto a los mercados estadounidenses.

De dónde venimos. Durante años, Estados Unidos ha exhibido fundamentos económicos y empresariales sólidos. Los activos de este país han batido espectacularmente a los de otras regiones. Así, los Estados Unidos han disfrutado de la condición de «puerto seguro», transmitiendo una sensación de orden al mundo inversor a escala internacional. En la misma línea, el dólar estadounidense ha experimentado una fortaleza a largo plazo que lo ha convertido en la moneda de reserva internacional tradicional. Por otra parte, desde la Gran Recesión ha habido una estrecha correlación entre los activos de riesgo, de manera que la diversificación entre distintos mercados bursátiles no ha resultado siempre rentable.

Hacia dónde podríamos dirigirnos. En la actualidad, la brecha de rentabilidad entre Estados Unidos y el resto del mundo se está reduciendo. Tanto el mencionado estatus de «puerto seguro» como el papel del dólar como moneda de reserva están en cuestión, si bien este último sigue vigente. Además, las correlaciones internacionales entre los activos de riesgo están disminuyendo, lo que apunta a la conveniencia de aumentar la diversificación de la cartera. La inestabilidad geopolítica en todo el mundo acelera muchas de estas dinámicas, como ilustra el actual conflicto militar en Oriente Próximo.

Los mercados todavía no han descontado por completo la coexistencia de ambas realidades, ni los inversores han tenido en cuenta las implicaciones para la cartera ni los posibles efectos en la rentabilidad.

En las próximas líneas, cuatro estrategas de Wellington comparten su visión sobre qué deberían considerar los inversores a medida que avanza la paradoja del excepcionalismo estadounidense: un fenómeno que persiste y, a la vez, remite.

Ante la doble realidad descrita anteriormente, creo que los inversores deberían apuntar a los valores sólidos de Estados Unidos y a alternativas internacionales. Defiendo esta opinión pese a los últimos acontecimientos en Oriente Próximo, con una considerable trascendencia geopolítica, pero que, a mi parecer, tendrán una incidencia pasajera en los mercados. Aprovechar las oportunidades tanto de los activos estadounidenses como de los del resto del mundo está en sintonía con el discurso que el primer ministro de Canadá, Mark Carney, dio en la cumbre de Davos a principios de año, instando a todos los países a «protegerse». Si bien obviamente se refería a los vínculos militares y económicos, la «protección» puede adoptar muchas formas. Para mí, también es un llamamiento a los inversores, que podría beneficiarles a la hora de apuntalar sus carteras en aquellas áreas en las que se aprecia con más claridad el retroceso del excepcionalismo estadounidense.

Entre las señales del declive del excepcionalismo estadounidense, cabe citar las recientes alzas del oro, las dudas sobre la independencia de la Reserva Federal, los desafíos a la soberanía (por ejemplo, en Groenlandia), la debilidad del dólar y la intervención de la Administración en el sector privado. Al mismo tiempo, los Estados Unidos siguen siendo un motor del crecimiento global y un líder en innovación tecnológica, por lo que alejarse demasiado del país puede ser imprudente. A mi modo de ver, estas dos realidades señalan, en definitiva, que los inversores en multiactivos harían bien en no poner todos los huevos en la misma cesta —estadounidense—.

Implicaciones para la inversión
Partiendo de la base de que el excepcionalismo estadounidense sigue vigente, los inversores podrían tener en cuenta la renta variable de este país, las acciones tecnológicas y la renta variable mundial a largo plazo. A corto plazo, una opción prudente sería rotar hacia los títulos «value» estadounidenses, las acciones de pequeña capitalización y los beneficiarios indirectos de la inteligencia artificial (IA), como los promotores de centros de datos, las empresas de metales y mineras, las de servicios públicos, las de servicios sanitarios y hospitales, y las gestoras de activos y compañías de software con bajos riesgos de desintermediación y cotizaciones deprimidas.

Respecto a la otra realidad concurrente, la disminución del excepcionalismo estadounidense, los inversores podrían incluir en sus asignaciones de multiactivos la renta variable no estadounidense —incluida la de mercados emergentes—, la renta fija internacional, las materias primas o el oro, así como los segmentos «value» y de «calidad» de Estados Unidos.

En cualquiera de los dos escenarios, también podrían aprovechar las posibles oportunidades de los hedge funds multisectoriales, que no suelen estar correlacionados con la renta variable tradicional y el mercado de deuda, así como la renta fija dinámica y el crédito. Ante las oportunidades potencialmente atractivas en tantas áreas de este complejo y contradictorio mercado, adoptar una estrategia activa puede resultar útil, pues los gestores tratan de detectar las inversiones capaces de resistir mejor estas dinámicas.

Desde la perspectiva del mercado bursátil, el excepcionalismo estadounidense hace referencia a la notable y sistemática superioridad de la rentabilidad de las acciones estadounidenses en comparación con el resto del mundo desde la Gran Recesión. Durante este período, el catalizador de estos resultados relativos superiores ha sido la solidez de los indicadores fundamentales, y a ello se ha sumado la sostenida fortaleza del dólar.

Hasta ahora, la rentabilidad del capital en Estados Unidos frente al resto de los mercados desarrollados no ha dejado de ampliarse con el tiempo, dando paso a un crecimiento excepcional de los resultados de las empresas estadounidenses. Cabe recordar que, si bien el sector tecnológico ha sido el responsable de una parte considerable de los resultados superiores de la bolsa estadounidense durante este tiempo, la expansión relativa de los márgenes y el crecimiento de los resultados empresariales se ha generalizado a todo el mercado. Y, aunque sus niveles de valoración se han ampliado, lo han hecho sobre la base de esta excelencia de los fundamentales.

Por otro lado, la segunda realidad suscita algunas preguntas fundamentales: ¿Puede Estados Unidos mantener esta brecha de crecimiento y rentabilidad? ¿Ha tocado techo la superioridad relativa frente al resto del mundo? ¿Lo está haciendo ahora? Sin duda, es posible. El mercado bursátil estadounidense hoy es muy diferente al de hace cincuenta años; entonces los sectores industriales intensivos en capital eran el motor impulsor. Cuando el sector tecnológico, históricamente poco intensivo en capital, despegó, las posibilidades de crecimiento aumentaron de forma exponencial. Pero ahora la rápida expansión de las inversiones en bienes de equipo relacionadas con la IA está poniendo en tela de juicio la rentabilidad futura de ese capital invertido.

Implicaciones para la inversión
En términos generales, a medida que la política estadounidense abandona el orden internacional anterior, otros países reaccionarán promoviendo su propia resiliencia y su fortaleza económica. Es posible que se rompan las correlaciones de los mercados mundiales de renta variable, elevando así la dispersión y brindando oportunidades potenciales a la selección de valores. En el sector tecnológico, a medida que la IA impulse la intensidad de capital entre las empresas tradicionales, algunas se adaptarán, mientras que otras pueden empezar a tambalearse.

Ambas dinámicas justifican la adopción de una estrategia activa para la renta variable. La flexibilidad de este enfoque posiciona mejor a los inversores para aprovechar las oportunidades que surjan de la dispersión y evitar aquellas empresas o sectores que quedarán obsoletos en el contexto de mercado actual.

Para mí, el tema del excepcionalismo estadounidense está mucho más vinculado al dólar y a los bonos del Tesoro estadounidense. La tendencia general en el último año ha sido el deterioro gradual de la divisa, lo que representa una erosión del statu quo que la mayoría de los inversores ha conocido desde la Gran Recesión.

Sin embargo, con respecto al dólar también coinciden dos circunstancias. Su situación como moneda de reserva mundial está respaldada por los mercados financieros más grandes y líquidos del mundo, una amplia oferta de activos seguros en forma de bonos soberanos, una sólida credibilidad institucional y su arraigado uso en el comercio, las materias primas y las infraestructuras financieras a escala mundial. En paralelo, se han establecido las infraestructuras y las bases para mecanismos monetarios multilaterales.

Implicaciones para la inversión
Ante esta coyuntura, los inversores en renta fija podrían considerar diversificarse fuera de Estados Unidos, con estrategias de bonos públicos y divisas internacionales a través de los mercados tradicionales de deuda internacional o de asignaciones más dinámicas a hedge funds. Otra opción interesante es la deuda de mercados emergentes en moneda local, que tuvo una evolución espectacular en 2025 y puede ser útil a los inversores en renta fija más orientados a la rentabilidad. Debo añadir, ahora bien, que si los inversores optan por exponerse a ella, deben hacerlo por los fundamentos y los rendimientos; no solo para aprovechar la debilidad del dólar. En cualquier caso, dada la incertidumbre y la ansiedad en este universo, animo a los inversores a considerar la posibilidad de seguir estrategias flexibles y gestionadas de manera activa.

El hecho de que el excepcionalismo estadounidense haya coincidido con un período de dominio geopolítico de Estados Unidos no es casual. Durante años, el país fue el líder mundial en infraestructuras, capacidad militar y fuerza diplomática, y esa estabilidad le dio a sus mercados financieros margen para crecer y superar a sus homólogos.

Hoy nos encontramos en plena transición desde un ciclo geopolítico relativamente estable a otro marcado por las turbulencias y la incertidumbre. Y el mejor ejemplo de esto es el actual conflicto en Oriente Próximo. Es probable que estos acontecimientos aceleren la fragmentación y las disputas globales, promuevan una menor cohesión política y, en el ámbito de la política internacional, se pondrá un mayor acento en los asuntos de seguridad nacional, en términos generales.

Otros elementos impulsan este giro geopolítico. La competencia entre dos grandes potencias como China y Estados Unidos amenaza la hegemonía mundial de esta última. Hay un número sin precedentes de conflictos internacionales en marcha, muchos de los cuales en regiones vulnerables al clima. Las cadenas de suministro están cambiando y, como resultado de todos esos factores, el riesgo de mercado es hoy estructuralmente mayor que en los últimos tiempos.

Implicaciones para la inversión
Los cambios de ciclo geopolítico como al que asistimos actualmente solo se producen una vez cada siglo y tienden a ser disruptivos. Pero estos cambios entrañan oportunidades, ya en marcha y novedosas, de buscar ganadores y perdedores en la cartera. En mi opinión, los inversores mejor posicionados para descubrir esas oportunidades pueden ser aquellos menos pendientes de los tuits y los titulares de los periódicos y más de las señales y los cambios estructurales.

La competencia entre las superpotencias y la alteración de las cadenas de suministro favorecen varios temas de inversión destacados en los mercados públicos y privados, entre otros: defensa y tecnología militar, minerales críticos y tierras raras, biotecnología, ciberdefensa, y resiliencia climática y energética. También es probable que se incremente la dispersión a escala regional, nacional, sectorial, por clases de activo y por empresas; una condición que casa bien con la gestión activa.

Los puntos de vista expresados en el presente documento son los de sus autores en el momento de su redacción. Otros equipos pueden tener diferentes puntos de vista y tomar diferentes decisiones de inversión. El valor de su inversión puede pasar a ser mayor o menor con respecto al momento de la inversión original. Aunque los datos externos utilizados se consideran fiables, no se garantiza su exactitud. Destinado exclusivamente a inversores profesionales, institucionales o acreditados.

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