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La creciente influencia de la Fed en el mercado tiene un coste

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2027-02-26
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Brij Khurana, Fixed Income Portfolio Manager
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Este artículo se publicó originalmente en la revista Barron’s el 23 de enero de 2026.

En su reunión de diciembre, la Junta de la Reserva Federal tomó dos decisiones importantes. En primer lugar, redujo los tipos de interés. En segundo lugar —y esto pasó más desapercibido—, anunció que volvería a ampliar su balance, lo que generaría más liquidez para ayudar a los bancos cuyas reservas ya no se consideraban «suficientes».

Los responsables de la Fed se apresuraron a subrayar que esto no suponía un retorno a la expansión cuantitativa (QE). La QE es una política de estímulo que comenzó con la compra de billones de dólares en bonos del Tesoro estadounidense a largo plazo tras la crisis financiera global de 2008-2009 y que se prolongó más allá de la pandemia.

En esta ocasión, la Fed solo está comprando deuda pública a corto plazo. Sin embargo, para el mercado, cualquier aumento del balance de la Fed supone más dinero en el sistema, lo que puede impulsar al alza los precios de las acciones y de otros activos reflacionarios. El repunte bursátil de diciembre sugiere que la última ampliación del balance de la Fed ya está afectando a los precios de los activos.

¿Por qué supone un problema? La economía estadounidense presenta cada vez más una «forma de K», en la que un pequeño segmento de hogares con mayor poder adquisitivo impulsa el gasto de manera desproporcionada. La expansión del balance podría elevar aún más los precios de los activos y, aunque impulsara el gasto de los más ricos, provocaría un aumento de la inflación para el conjunto de la población.

Antes de 2008, el tamaño del balance de la Fed no era relevante para la política monetaria. La Reserva Federal controlaba los tipos de interés ajustando el tipo de los fondos federales, es decir, el tipo al que los bancos se prestan entre sí en operaciones a un día y sin garantía. Dado que las reservas eran escasas, la Fed podía influir en este tipo simplemente aumentando o reduciéndolas. Después de 2008, la institución puso en marcha un programa de QE a gran escala con la compra de bonos del Tesoro y la creación de reservas excedentarias en el sistema bancario. La abundancia de reservas y el elevado balance dificultaron la subida de los tipos de los fondos federales cuando el banco central quiso endurecer la política monetaria.

Para solucionarlo, la Fed implantó un «sistema de corredor» con dos niveles de tipos. El «suelo» de este sistema es el tipo que la Fed abona a los fondos del mercado monetario por préstamos garantizados de un día. El «techo» es el tipo que paga a los bancos por sus reservas. El tipo efectivo de los fondos federales —el que realmente sigue el mercado— se sitúa entre ambos. Otro tipo relevante es el Secured Overnight Financing Rate (SOFR), utilizado por las instituciones financieras como referencia en sus operaciones y por los hedge funds para financiar inversiones apalancadas.

Este sistema funcionó bien hasta 2019, cuando la combinación de pagos del impuesto de sociedades y las liquidaciones del Tesoro provocó una escasez repentina de liquidez. Los bancos no disponían de reservas suficientes y los tipos de las operaciones de recompra a un día (repos) se dispararon brevemente hasta rozar el 10%. La Fed respondió con la expansión de su balance y la introducción del Standing Repo Facility (SRF), una herramienta que permite a los grandes bancos obtener financiación a un día de la institución a cambio de activos de alta calidad en garantía.

En la actualidad, el balance de la Fed es mucho mayor en relación con el crédito bancario y el PIB que en 2019, y la SRF evita las tensiones de financiación que antes requerían que la Fed interveniera de emergencia. Aunque los bancos pueden mostrarse reacios a utilizar la SRF para no dar la impresión de necesitar liquidez de forma imperiosa, la Fed podría fomentar su uso reduciendo el tipo de interés, ampliando el universo de entidades elegibles o incluso obligando a los bancos más grandes a recurrir a esta herramienta. La institución también podría añadir reservas de forma temporal para suavizar el efecto de los cierres trimestrales y las fechas de pagos tributarios, en vez de depender de la expansión del balance como instrumento principal.

En este contexto —y ante los recientes cambios regulatorios que han rebajado los requisitos de apalancamiento bancario—, la afirmación de que la Fed debe crear dinero para proteger el sistema financiero resulta poco convincente.

Otro cambio relevante desde 2019 es el incremento de 14 billones de dólares en la deuda pública. La Fed afirma que la expansión de su balance respalda la liquidez del mercado de deuda y facilita que el Gobierno se financie a un coste más bajo. Sin embargo, uno de los principales beneficiarios de este elevado balance han sido los hedge funds, que utilizan dinero prestado para aprovechar pequeñas ineficiencias de precio entre bonos del Tesoro y sus derivados. Estas operaciones requieren un elevado apalancamiento y dependen de financiación abundante en el mercado repo. Las estrategias apalancadas de los hedge funds generan riesgos sistémicos que la Fed no debería respaldar de manera implícita.

Los costes derivados del aumento del balance de la Fed merecen mayor atención. La Reserva Federal sostiene que su reciente expansión no constituye una QE en sentido estricto, pues simplemente sustituye «cuasi dinero» (bonos del Tesoro a corto plazo) por dinero en forma de reservas bancarias. No obstante, los mercados interpretan un balance elevado de la Fed como un riesgo inflacionista. Los inversores tienden a impulsar al alza activos reflacionarios —como acciones, inmuebles y oro— para protegerse frente a la monetización de la deuda y la depreciación de la moneda.

Lo que nos devuelve a una economía en forma de K. Dado que los hogares con mayores ingresos poseen una parte desproporcionada de estos activos, los efectos de riqueza derivados de la expansión del balance pueden sostener un consumo excesivo y contribuir a una inflación persistente, lo que perjudica especialmente a los hogares con ingresos más bajos.

En este contexto, también aumenta el riesgo de monetización de la deuda. En respuesta a la mayor demanda de pagarés a corto plazo por parte de la Reserva Federal, el Tesoro podría emitir más títulos de corta duración con rendimientos bajos y menos bonos de largo plazo con rendimientos altos. Un balance elevado de la Fed refuerza la percepción de que el gasto público equivale a «dinero gratis». Sin embargo, un déficit en aumento, junto con una mayor inflación, agravaría la crisis de asequibilidad y el riesgo de sobreendeudamiento del sector público.

En lugar de expandir el balance de forma generalizada, la Fed debería adoptar medidas graduales: aumentar periódicamente las reservas para afrontar episodios agudos de tensión de liquidez y reducir al mismo tiempo su balance total. Esta estrategia ayudaría a mantener la inflación bajo control y evitaría la sobrevaloración de los precios de los activos.

Los puntos de vista expresados en el presente documento son los de su autor en el momento de su redacción. Otros equipos pueden tener diferentes puntos de vista y tomar diferentes decisiones de inversión. El valor de su inversión puede pasar a ser mayor o menor con respecto al momento de la inversión original. Aunque los datos externos utilizados se consideran fiables, no se garantiza su exactitud. Destinado exclusivamente a inversores profesionales, institucionales o acreditados.

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