Política frente a tecnología
Quizá la mayor influencia sobre el futuro de la IA a medio plazo no esté en manos de los tecnólogos que desarrollan y entrenan los modelos, sino de los responsables políticos, que determinarán hasta dónde y con qué rapidez podrá extenderse esta tecnología y cómo regularla a medida que avance su adopción. La reducción de la brecha de rendimiento entre los LLM de EE. UU. y China aumenta también la presión sobre reguladores y responsables políticos, obligados a elegir entre frenar el avance tecnológico en favor de la seguridad y la gobernanza o acelerarlo con la esperanza de ganar la «carrera de la IA».
La decisión del Gobierno estadounidense de suspender temporalmente el modelo de Anthropic Claude Fable 5 a principios del verano refleja bien este dilema. El hecho de que se haya considerado necesario imponer un bloqueo generalizado y restringir ciertas funcionalidades para contener los riesgos emergentes apunta a que podríamos haber entrado en una etapa en la que la gobernanza, más que la tecnología, sea el principal freno al progreso. La tensión entre el avance tecnológico y la aceptación social no hará sino aumentar.
A ello se suma la complejidad geopolítica. Si EE. UU. y China alcanzan un acuerdo para priorizar las medidas de seguridad, es posible que las previsiones actuales del mercado solo deban incorporar algunos ajustes puntuales. Sin embargo, si ninguna potencia está dispuesta a asumir retrasos regulatorios «innecesarios» frente a su rival, podríamos asistir a un mayor uso de las restricciones a la exportación o de los controles de acceso, lo que daría lugar a un ecosistema más fragmentado y desordenado. En mi opinión, ya no se trata de escenarios hipotéticos. Tarde o temprano, todos los modelos —ya sean abiertos o cerrados, de EE. UU. o de China— tendrán que afrontar la cuestión de la seguridad y la gobernanza. Sin embargo, la competencia entre ambas potencias podría distorsionar los incentivos y elevar el riesgo de cometer errores de gobernanza.
Creo que, para los inversores, la conclusión no es asumir una visión pesimista sobre la IA, sino mostrarse más cautos con las proyecciones y los supuestos, y reconocer que la seguridad nacional y los factores geopolíticos desempeñarán un papel mucho más relevante en la evolución de la IA que en anteriores ciclos de avance tecnológico. China podría mantenerse como un rival creíble en la carrera de la IA el tiempo suficiente como para poner en duda el consenso actual del mercado. Por tanto, conviene adoptar un enfoque más reflexivo a la hora de definir la exposición a la renta variable y al crédito, así como prestar mayor atención a la diversificación entre los ecosistemas de IA de EE. UU. y China.