¿Qué tienen que ver los centauros y el ajedrez con la IA?
La evolución actual de la IA recuerda mucho a la del ajedrez. A principios de los años noventa, las personas superaban a las máquinas. En 1997, eso cambió: el ordenador Deep Blue derrotó al gran maestro Kasparov. Entre 1998 y 2012, los mejores jugadores fueron combinaciones humano-máquina, los llamados «centauros» (en referencia a las criaturas mitológicas mitad hombre, mitad caballo). Todo apuntaba a que el razonamiento humano, sumado a la capacidad de cálculo de las máquinas, era superior a cualquiera de los dos por separado. Pero fue algo temporal.
Entre 2013 y 2016, los sistemas de IA pura empezaron a imponerse a los centauros. La intervención humana pasó de aportar valor a restarlo. Desde 2017, los sistemas de aprendizaje automático no solo han igualado el nivel de juego humano, sino que lo han superado, descubriendo estrategias más allá de la teoría tradicional. La lección principal es que la colaboración puede ser una fase, no el final.
Hoy en día, muchos asumen que se alcanzará un equilibrio «centauro», en el que personas e IA trabajarán juntos en todos los sectores. El ajedrez sugiere lo contrario: una vez la IA supera cierto umbral, la sustitución es rápida.
Eso sí, hay un matiz importante. El ajedrez es un sistema cerrado; el mundo real no lo es. Las estructuras económicas y sociales son mucho más complejas, lo que probablemente ralentice la transición. Aun así, la IA está mejorando su capacidad para desenvolverse en entornos cada vez más ambiguos. La conclusión general es clara: este enfoque es relevante para los mercados.
Implicaciones para la inversión
Los modelos actuales de IA son muy potentes, pero su uso todavía está por detrás de sus capacidades. Por ello, es probable que se produzcan cambios profundos en múltiples sectores en un futuro cercano. Tecnología, internet, servicios financieros o marketing, entre otros, se verán afectados. Los mercados han empezado a reaccionar con ventas masivas en empresas de software, servicios de internet y tecnologías de la información.
¿Hay oportunidades entre las compañías que hoy se perciben como perdedoras? Creo que una de las mayores fuentes potenciales de alfa está en esas empresas que hoy se ven perjudicadas por la IA, pero que podrían utilizarla para impulsar sus negocios en el futuro. Por ejemplo, compañías que incorporen funciones de IA para mejorar sus productos, la utilicen para optimizar costes y aumentar la eficiencia, o ayuden a otras empresas tradicionales a adaptarse a esta tecnología. Todas ellas podrían ser ganadoras. En estos casos, la IA no es una amenaza, sino un acelerador.
También es importante tener en cuenta los efectos de segundo orden. Si la IA desplaza determinados segmentos del mercado laboral, el tiempo y la atención se redistribuirán. Por eso, cada vez soy más prudente respecto al empleo, pero más optimista sobre cómo las personas utilizarán su tiempo libre: consumo de contenidos multimedia, videojuegos o redes sociales.
Al mismo tiempo, es poco probable que la IA sustituya experiencias intrínsecamente humanas. Es posible que dediquemos más tiempo a practicar y ver deportes, asistir a eventos en directo, viajar o realizar actividades de ocio con otras personas. Las oportunidades de inversión ligadas a estas dinámicas podrían beneficiarse de la IA. Al fin y al cabo, que una bicicleta pueda superar a Usain Bolt no ha hecho que dejemos de emocionarnos con los 100 metros lisos. Y aunque la IA pueda vencer a grandes maestros de ajedrez, este deporte disfruta hoy de una popularidad sin precedentes.