El entusiasmo de los inversores por Europa es, en el mejor de los casos, limitado. Es cierto que la renta variable europea superó al mercado estadounidense en 2025, pero el sentimiento general continúa siendo débil tras años de recurrentes decepciones. Aun así, creemos que las reiteradas falsas esperanzas no deberían impedir que los inversores evalúen qué factores podrían jugar a favor y cómo ello podría alterar el posicionamiento global de sus carteras. Desde una perspectiva multiactivos, la tesis de inversión en Europa se apoya actualmente en dos pilares:
- La región ofrece una oportunidad para diversificar los activos de riesgo, excesivamente concentrados en Estados Unidos, y mitigar parte de los riesgos asociados al deterioro del marco institucional estadounidense.
- Tras un prolongado periodo de crecimiento inferior a la media, el contexto comienza a mejorar, con señales positivas de que Europa está avanzando en la implementación de reformas muy atrasadas.
No obstante, los riesgos no han desaparecido. Europa sigue mostrando fragilidad en varios ámbitos. Con todo, el balance general resulta más constructivo.
Cambio de régimen
Durante gran parte de la última década, Europa se guió por una mentalidad deflacionista. El crecimiento ha sido débil, la política fiscal restrictiva y las empresas priorizaron los ajustes en sus balances frente a la expansión. Este entorno se retroalimentó y lastró la confianza.
La diferencia ahora es que, además de una mejora cíclica, estamos vieno una aceleración del cambio de régimen.
- Algunas economías del sur de Europa parecen haber dejado atrás la fase más dura del ajuste posterior a la crisis del euro y ahora encabezan el crecimiento.
- A más largo plazo, la desaceleración de la globalización obliga a Europa a reducir su dependencia del crecimiento vinculado a las exportaciones y a fortalecer su demanda interna. Esta transición podría crear nuevas oportunidades para las empresas europeas.
- Por otro lado, el enfoque de las políticas en el continente se ha alejado de la austeridad fiscal. El cambio de rumbo alemán es especialmente relevante y refleja una tendencia más amplia hacia la inversión en seguridad, infraestructuras y productividad. La defensa, la seguridad energética, las redes eléctricas y las industrias estratégicas han dejado de ser cuestiones periféricas para convertirse en prioridades políticas centrales. Este giro es significativo porque respalda el crecimiento nominal y refuerza el poder de fijación de precios. Asimismo, los factores subyacentes indican que la inflación se está estabilizando en torno al 2%, mientras que la buena salud financiera de los hogares y el bajo desempleo impulsan al alza la demanda interna.
Las perspectivas cíclicas para la zona euro continúan mejorando de forma gradual. Los indicadores de crecimiento muestran avances, apoyados en unas condiciones financieras relativamente laxas y una política fiscal más expansiva. Los factores externos desfavorables —como los aranceles estadounidenses, las tensiones en torno a Groenlandia, la guerra en Ucrania y las políticas comerciales chinas— continúan ejerciendo presión, aunque hasta ahora han podido gestionarse. Y, aunque el progreso sigue siendo lento, se están logrando avances en la corrección de algunas de las ineficiencias estructurales que frenan el crecimiento europeo.
Normalización del panorama bancario
Este cambio de régimen se produce en un contexto de recuperación de la banca europea. Las entidades europeas se vieron gravemente afectadas por la crisis financiera global y la posterior crisis de la zona euro, lo que tuvo un impacto significativo en el conjunto de la economía, dado su papel como principal canal de financiación del continente. Hoy, en cambio, los bancos actúan como termómetro de la gradual recuperación europea, en un entorno macroeconómico más estable en el que el crédito vuelve a crecer, los tipos de interés han descendido —aunque permanecen lejos de los niveles excepcionalmente bajos de la década de 2010— y la actividad interna muestra signos de mejora.
Incremento de la productividad gracias a la IA
Europa no lidera la carrera de la IA en términos de modelos fundacionales, plataformas o hardware. Pero esto no significa que sea irrelevante para la renta variable europea. La siguiente fase del desarrollo de la IA no dependerá solo de quién crea la tecnología, sino de quién la utiliza de forma más eficaz. Y, según el último «AI Diffusion Report»1 de Microsoft, Europa va muy por delante en su adopción.
Muchas empresas europeas son grandes corporaciones consolidadas, con datos, escala y bases de clientes sólidas que pueden aprovecharse. Para ellas, la IA representa menos una disrupción y más una vía para mejorar la eficiencia, reducir costes y reforzar los márgenes.
La capacidad de fijación de precios es la variable clave en este contexto. Las empresas capaces de adoptar la IA sin perder la disciplina de precios tienen más probabilidades de convertir las ganancias de productividad en beneficios. Las que carecen del poder de fijación de precios corren el riesgo de trasladar esos beneficios a los clientes.
La adopción de la IA aún se encuentra en una fase temprana y la evidencia sobre el retorno de la inversión es gradual. Sin embargo, con el tiempo podría convertirse en uno de los motores de crecimiento más relevantes para Europa, especialmente si se tiene en cuenta su relativamente bajo nivel de productividad inicial.
Aumento de la autonomía estratégica y la competitividad
Uno de los cambios más visibles en la política europea es el mayor foco en la autonomía estratégica. El gasto en defensa, la seguridad energética, la inversión en redes eléctricas y las cadenas de suministro estratégicas forman parte de este programa. Más allá del volumen de gasto, los principales retos son la coordinación y la rapidez de ejecución. No obstante, es probable que los desafíos externos (por ejemplo, el interés de EE. UU. en adquirir Groenlandia) aceleren este cambio de régimen.
En este punto cobran relevancia las recomendaciones formuladas por el expresidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi. Su informe sobre «El futuro de la competitividad europea»2 destaca debilidades conocidas, como la fragmentación, la lentitud en la toma de decisiones y la división de los mercados de capitales. Esencialmente, las plantea como riesgos económicos urgentes, en lugar de objetivos a largo plazo. Aunque hasta ahora los avances han sido desiguales3, cualquier aceleración en la implementación mejoraría sustancialmente la capacidad de Europa para convertir su ambición estratégica en crecimiento. Áreas con mayor potencial
- Unión de ahorros e inversiones. La fragmentación de los mercados de capitales europeos continúa siendo una debilidad estructural. Una mejor movilización del ahorro hacia la inversión productiva impulsaría el crecimiento y la innovación. El debate sobre la reforma se ha intensificado y la sensación de urgencia es cada vez mayor.
- Mercado interior. Según estimaciones del FMI, las barreras comerciales intracomunitarias equivalen a un arancel medio del 44% sobre los bienes —tres veces superior al existente entre los estados de EE. UU.—. En el ámbito de los servicios, el equivalente es del 110%. El potencial de mejora en este sector es considerable. A pesar de la persistencia de importantes obstáculos, la reciente estrategia4 de la Comisión Europea para abordar las diez barreras internas más perjudiciales podría generar resultados tangibles.
- Acuerdos comerciales. La imposición de aranceles estadounidenses a las exportaciones europeas ha reavivado el interés por cerrar acuerdos con América Latina (Mercosur), así como con Indonesia, Australia y la India. Aunque estos mercados representan actualmente una proporción menor de las exportaciones europeas, su potencial de crecimiento es notable. En particular, cerrar el acuerdo con Mercosur, pendiente desde hace tiempo, enviaría una señal positiva sobre la cohesión de la UE y su apuesta por el crecimiento.
Otros posibles factores favorables
- Fusiones y adquisiciones como muestra de confianza. La actividad de M&A en Europa ha comenzado a recuperarse. Aunque no es un motor directo de rentabilidad, sí refleja una mejora de la confianza empresarial y una mayor disposición a movilizar capital. Con todo, la dinámica podría verse limitada por la regulación, las divergencias en valoración y la incertidumbre macroeconómica.
- Precios de la energía. Aunque existe cierta presión al alza sobre el almacenamiento de gas este invierno, nuestros analistas energéticos prevén que los costes de la electricidad basada en gas disminuyan en los próximos tres a cinco años. Esto aliviaría la presión inflacionista de las materias primas y mejoraría marginalmente la competitividad. A largo plazo, el desarrollo de las energías renovables y la inversión en infraestructuras energéticas también deberían reforzar la capacidad competitiva de Europa.
- Alto el fuego duradero en Ucrania. Aunque actualmente parezca difícil de lograr dadas las exigencias maximalistas de Rusia, no debe descartarse por completo la posibilidad de un alto el fuego estable.
Persistencia de obstáculos estructurales
Por otro lado, Europa sigue enfrentándose a importantes vientos en contra estructurales. Entre los más relevantes destacan:
Aumento de la competencia china
Uno de los factores más subestimados que afectan a los beneficios empresariales europeos no es la demanda interna, sino la competencia global. En particular, los fabricantes chinos ejercen cada vez más presión en numerosos segmentos industriales, a menudo a través de precios agresivos y ventajas de escala.
Esto es especialmente relevante para Europa, dado que su mercado bursátil está muy expuesto a sectores industriales maduros, donde los márgenes son sensibles a la competencia y la diferenciación no resulta fácil. Aunque la exposición directa de los ingresos a China sea limitada, el impacto indirecto sobre los precios y la cuota de mercado puede ser considerable.
Si bien observamos ciertos indicios de que Europa está dispuesta a contrarrestar estas amenazas competitivas mediante políticas industriales más sólidas y coordinadas, no será una tarea sencilla. Este riesgo estructural podría limitar el potencial de una recuperación amplia de los beneficios empresariales europeos.
Mayores presiones demográficas
El rápido envejecimiento de la población ejerce una presión creciente sobre las finanzas públicas por el aumento del gasto en pensiones y sanidad, al tiempo que reduce la oferta laboral en un contexto de rechazo político a un mayor flujo migratorio. Las restricciones fiscales podrían limitar las inversiones necesarias, mientras que la escasez de trabajadores podría traducirse en un aumento de la inflación y una pérdida de competitividad.
Entre los principales factores que conviene tener en cuenta en este ámbito se incluyen:
- la adopción a gran escala de tecnologías que permiten ahorrar recursos, como la inteligencia artificial;
- un mayor uso de la financiación conjunta de la UE para inversiones críticas;
- políticas más creativas para prolongar la vida laboral de una población envejecida;
- y estrategias de inmigración más eficaces para atraer talento cualificado.
Incertidumbre geopolítica
La economía abierta de Europa y sus empresas exportadoras son especialmente vulnerables a la incertidumbre geopolítica, dada su dependencia tanto de las importaciones de energía como del paraguas de seguridad de Estados Unidos. Históricamente, Europa ha utilizado los momentos de crisis como una palanca para avanzar. La fragmentación política y el auge de los partidos euroescépticos de derechas suponen importantes obstáculos para lograr avances de calado, aunque el aumento de las tensiones con Estados Unidos y China podría favorecer una mayor cohesión y acelerar las reformas.
Implicaciones para los inversores
- Las mejoras marginales importan. Numerosos «qué pasaría si…» amenazan la incipiente recuperación, pero, dado el bajo nivel de expectativas del mercado, incluso pequeños avances podrían generar un potencial alcista relevante.
- Japón ofrece un paralelismo prometedor. Al igual que Europa, Japón ha sufrido reiterados reveses y un prolongado sentimiento negativo. Sin embargo, nuestra visión sobre Japón es positiva desde hace varios años, ya que el giro hacia un régimen de mayor crecimiento nominal ha coincidido con mejoras en la gobernanza corporativa y reformas estructurales a nivel micro, impulsando la rentabilidad sobre el capital y los beneficios empresariales.
- Cualquier pequeño avance de Europa hacia una mayor integración, una desregulación más inteligente y una mayor apertura a las fusiones y adquisiciones transfronterizas podría generar impulsos favorables similares a los que actualmente se observan en Japón.
- Una ocasión propicia para la gestión activa. Al mismo tiempo, creemos que la aceleración del cambio de régimen en Europa ofrece actualmente un amplio margen para que los gestores activos aprovechen el potencial alcista, enfocándose en los principales beneficiarios del cambio y reduciendo la exposición a empresas o sectores que podrían verse afectados en menor medida.