Con SpaceX a la cabeza, los mercados se preparan para una oleada de grandes salidas a bolsa en 2026. ¿Qué ocurre cuando una empresa privada de esta envergadura da el salto al mercado y qué implicaciones podría tener para los mercados, inversores y futuras salidas a bolsa? Adam Berger, estratega multiactivos, y Matthew Strzepka, responsable de mercados de capital de renta variable, abordan tres preguntas clave.
La OPV de SpaceX podría ser la mayor de la historia. ¿Habrá suficiente demanda inversora para absorber una operación de este tamaño?
En nuestra opinión, la respuesta es sí. SpaceX cuenta con un enorme reconocimiento de marca y es probable que despierte el interés de distintos segmentos de inversores. Además, esperamos que la participación de los inversores particulares sea significativa, dada la gran repercusión mediática del lanzamiento (nunca mejor dicho) y las informaciones que apuntan a que la compañía podría destinar una parte importante de la oferta a este colectivo.
Asimismo, la inclusión en los índices implica que a) muchos fondos de gestión pasiva podrían verse obligados a comprar acciones en un corto periodo de tiempo y b) los fondos de gestión activa deberán considerar a SpaceX dentro de su universo de inversión de referencia. Los hedge funds y los fondos crossover, que pueden invertir tanto en empresas cotizadas como privadas, también podrían impulsar la demanda. Por último, el precio y la valoración jugarán un papel determinante, aunque esperamos que la salida a bolsa se fije en un nivel que resulte atractivo tanto para los inversores particulares como para los institucionales.
No obstante, esto no descarta posibles episodios de volatilidad en el valor, si bien prevemos que la volatilidad general del mercado se mantendrá contenida. Históricamente, algunas grandes OPV han generado tensiones a corto plazo, pero estos movimientos no suelen tener un impacto significativo y duradero sobre el conjunto del mercado. Aunque la nueva oleada de grandes salidas a bolsa podría superar en magnitud a los ejemplos citados, conviene recordar que la capitalización bursátil total del mercado actual es también mayor que antes: peces más grandes, pero también un estanque más grande.
Hay informes que apuntan a una oleada de grandes salidas a bolsa en 2026. ¿La salida a bolsa de SpaceX dará paso a otras?
La historia nos indica que las OPV exitosas pueden generar un «efecto halo». Una operación satisfactoria da pie a la siguiente y se crea un círculo virtuoso. Diversas informaciones indican que varias compañías de gran tamaño están a la espera del momento adecuado para salir a bolsa. Si la OPV de SpaceX resulta un éxito y su desempeño como compañía cotizada es positivo, cabría esperar que otras grandes operaciones siguieran su estela.
El repunte de los mercados de renta variable en 2025 y en la primera mitad de 2026 ha impulsado la actividad de OPV, con implicaciones tanto para los inversores de capital privado como para los de mercados cotizados. Hace dos años, los precios en los mercados cotizados se movían por debajo de los niveles a los que los propietarios de empresas privadas estaban dispuestos a vender. Tras la fuerte subida registrada desde entonces, especialmente en las acciones tecnológicas, los precios de mercado y las expectativas de los vendedores están más alineados.
Varios proveedores de índices han revisado recientemente sus normas. ¿Qué implicaciones podría tener para los inversores pasivos y activos?
Además de por su envergadura, la OPV de SpaceX es relevante porque llega en un momento de cambios en las normas que regulan la incorporación de las empresas recién cotizadas a los índices generales de renta variable utilizados por los inversores pasivos.
Hasta ahora, estas empresas se añadían a los índices tras un «periodo de maduración» que podía prolongarse durante varios meses o incluso más tiempo. Esto solía retrasar su inclusión hasta que expiraban los periodos de bloqueo asociados a la salida a bolsa y disminuía la posible presión vendedora de los accionistas privados. Recientemente, los proveedores de índices han revisado este enfoque. En las últimas semanas, dos grandes proveedores han modificado sus normas, lo que podría permitir que SpaceX (y cualquier otra mega OPV que cumpla los requisitos y salga a bolsa posteriormente) se incorpore con mayor rapidez. En el momento de redactar este artículo, el plazo se sitúa en cinco días de cotización para los índices Russell1 y en quince para el Nasdaq 1002.
Cabe destacar que el Nasdaq 100 pondera las acciones en función de su capitalización bursátil total y no del valor de las acciones disponibles para su negociación pública (también conocido como capital flotante). En la práctica, esto implica que las estrategias pasivas que replican el Nasdaq 100 —incluidos ETF de gran tamaño como el QQQ— podrían verse obligadas a comprar una cantidad desproporcionada de acciones de SpaceX en circulación tras la OPV, si bien el Nasdaq ha establecido ciertos límites al respecto.
La combinación de estos dos factores podría impulsar una demanda más intensa y rápida por parte de los inversores pasivos que replican índices tras la OPV, en un contexto de entusiasmo máximo —o incluso de euforia— en los mercados. Conviene señalar que la demanda derivada de los índices se produce con independencia del precio de la acción o de los fundamentales de la compañía. En cambio, los gestores activos pueden decidir cuántas acciones de SpaceX desean mantener en cartera en función de su propia valoración de la empresa frente al precio al que cotiza.
La salida a bolsa también podría tener cierto impacto en los propios índices. Con cada incorporación a un índice se produce una reponderación de las compañías ya incluidas. Este efecto puede percibirse con mayor intensidad a nivel sectorial. Si, como esperamos, SpaceX recibe una ponderación significativa dentro del sector de Servicios de Comunicación, las compañías ya incluidas en este podrían verse sometidas a cierta presión vendedora a medida que los índices se reequilibren para incorporar la nueva exposición a SpaceX.