Con más de 30 años de experiencia en análisis e inversión en infraestructuras, nuestro equipo nunca había visto un contexto de inversión tan atractivo. Creemos que, en muchos sentidos, el momento actual en el universo de las infraestructuras representa una oportunidad generacional.
De cara a 2026 y más allá, este escenario puede analizarse desde cuatro perspectivas estrechamente relacionadas. En este artículo abordamos cada una de ellas desde la perspectiva del sector energético, con especial atención a la electricidad y al gas natural. Hemos visto cómo las tensiones geopolíticas —como las provocadas por el reciente conflicto en Oriente Medio— han puesto de manifiesto de forma recurrente la vulnerabilidad de las rutas de transporte de GNL. Vigilamos esta volatilidad cuando se produce, pero la consideramos independiente de la tesis de inversión a largo plazo en infraestructuras de gas. Las cuatro perspectivas a las que nos referimos son las siguientes:
- En primer lugar, la amplitud de la oportunidad de crecimiento estructural es excepcional.
- En segundo lugar, la relación entre riesgo y rentabilidad ha mejorado claramente, ya que las rentabilidades aumentan sin un incremento proporcional del riesgo.
- En tercer lugar, las valoraciones se mantienen atractivas, especialmente por el mayor potencial de crecimiento y rentabilidad.
- En cuarto lugar, el menor coste del capital privado facilita la financiación de esta expansión y sostiene el fuerte crecimiento de las infraestructuras cotizadas.
¿Por qué esta vez el crecimiento es diferente?
Conocemos bien el «trilema» energético detrás de la demanda estructural de infraestructuras: la energía debe ser fiable, asequible y sostenible. Hoy, ese trilema se ha convertido en un «cuadrilema». La energía debe seguir siendo fiable, asequible y sostenible, pero ahora la capacidad de suministro eléctrico debe crecer para responder a una demanda creciente.
La transición energética continúa impulsando la demanda eléctrica, que se ha consolidado como la fuente de energía de mayor crecimiento en la última década y probablemente más allá. A ello se suma ahora una nueva fuente de demanda: la inteligencia artificial, que en los mercados desarrollados ha acelerado considerablemente el crecimiento de la demanda eléctrica respecto a décadas anteriores.
Atender estas necesidades se ha vuelto más complejo tras una década en la que el mundo desarrollado se centró más en cerrar centrales eléctricas que en construir nuevas. El rápido crecimiento de las energías renovables ha cubierto parte de esta demanda, pero también ha hecho necesaria una mayor inversión en infraestructuras, como cables, almacenamiento en baterías y capacidad de generación flexible o de base. Esta evolución se aprecia con especial claridad en la mejora de las perspectivas de crecimiento a corto plazo de la generación con gas y, a medio plazo, de la energía nuclear.
La generación eléctrica es solo uno de los elementos necesarios para responder al aumento de la demanda. En gran parte del mundo desarrollado —especialmente allí donde las energías renovables han crecido con rapidez—, la capacidad de generación ha superado la capacidad de la red para transportar y distribuir la electricidad. Además, gran parte de la infraestructura de la red está simplemente obsoleta. Como resultado, la inversión de capital necesaria en las redes eléctricas de los mercados desarrollados se sitúa en torno al 10%, aproximadamente el doble de la media histórica.
En conjunto, el incremento de la generación eléctrica y la modernización de las redes energéticas apunta a una inversión sostenida a largo plazo que no se limitará a 2026, sino que se mantendrá durante las próximas décadas.
¿Cómo ha cambiado la relación entre riesgo y rentabilidad?
Las utilities reguladas ocupan una posición central en el actual cambio estructural de la demanda. Cada vez resulta más evidente que estas empresas son esenciales para el crecimiento económico, ya sea para sostener la demanda energética asociada a la IA y la transición energética o para apoyar tendencias más amplias, como la relocalización industrial. Una de las consecuencias es que el entorno regulatorio se ha vuelto más favorable.
Esto es importante para los inversores, porque ahora los reguladores permiten a las empresas de utilities obtener mayores rentabilidades. En los últimos dos años, los reguladores de EE. UU. y Europa han aumentado la rentabilidad permitida a este tipo de empresas. Este cambio, unido a marcos legales claros y a largo plazo, ofrece a los inversores una visibilidad excepcional sobre los flujos de caja y las rentabilidades futuras, sin que ello implique un incremento significativo del riesgo para las empresas. Como resultado, las compañías reguladas permiten acceder a un crecimiento adicional mediante temáticas como la electrificación y la IA, minimizando la incertidumbre asociada. La IA es un ejemplo claro. Cada vez más, las utilities y los reguladores exigen a los hiperescaladores que garanticen el suministro eléctrico mediante acuerdos a largo plazo que incluyen precios más elevados —para proteger a los consumidores residenciales— y estructurados bajo esquemas de «take-or-pay». De esta forma, las empresas pueden trasladar el riesgo tanto de ellas mismas como de los consumidores a los hiperescaladores.
¿Pagan los inversores un precio excesivo a cambio de un mayor crecimiento y rentabilidad?
Aunque las valoraciones se han recuperado tras tocar fondo, las utilities en EE. UU. y Europa siguen cotizando a niveles que consideramos atractivos, lo que sugiere que el crecimiento esperado aún no se ha reflejado completamente en los precios.