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La inversión a largo plazo en el contexto actual

6 min leer
2027-05-07
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Ante el contexto actual de repunte de la incertidumbre, la atención del mercado está más centrada que nunca en el corto plazo, ya sea por el último avance en inteligencia artificial (IA) o la última noticia relacionada con la geopolítica. Aunque sin duda hay oportunidades para los inversores capaces de sacar partido de la volatilidad asociada a corto plazo, somos de la opinión de que una visión a largo plazo tiene más sentido en este ciclo de mercado dominado por las emociones.

¿Por qué? Si bien la dinámica macroeconómica, los cambios de valoración y la concentración del mercado pueden afectar de forma sustancial a la rentabilidad a corto plazo, creemos que a la larga el precio de las acciones se rige sobre todo por el crecimiento de los beneficios empresariales y la rentabilidad del accionista generada por las negocios subyacentes. Con nuestra propia estrategia, Global Stewards, tratamos de llevar esta convicción a la práctica invirtiendo en empresas con vistas a mantenerlas diez años o más. Y lo hacemos así porque plantear un horizonte de inversión a largo plazo aumenta el listón para la incorporación de cualquier compañía a la cartera. Si aspiramos a conservar la propiedad de una empresa durante más de diez años, esta debe demostrar una rentabilidad del capital elevada de forma sostenida y una administración responsable que preserve y aumente esa rentabilidad. Esta disciplina condiciona todas nuestras decisiones de comprar, vender y mantener valores.

Con este enfoque, tratamos de armonizar tres intereses:

  1. el horizonte estratégico de la toma de decisiones de las empresas en las que invertimos,
  2. el carácter acumulativo de la creación de valor a largo plazo, y
  3. los objetivos de inversión de nuestros clientes.

Incluso en un mundo de cambios cada vez más acelerados, sabemos que la estrategia de una empresa requiere años, no trimestres, para dar frutos. Las decisiones sobre la asignación del capital, las cadenas de suministro, el desarrollo de la mano de obra y la descarbonización no suelen mostrar todos sus efectos en el siguiente informe de resultados. Pensamos que su importancia crece a medida que se amplía el horizonte temporal. Basando nuestros análisis en los resultados a largo plazo, tratamos de eliminar el ruido del cortoplacismo y centrarnos en lo que al final produce valor: las ventajas competitivas sostenibles, la rentabilidad financiera sólida y la administración responsable de calidad.

Un horizonte temporal diferente

El contraste entre nuestro horizonte de inversión y el del conjunto del mercado es evidente. El período medio de tenencia de compañias en cartera se ha reducido drásticamente en las últimas décadas y ahora se mide con frecuencia en meses y no en años. De hecho, en muchos mercados desarrollados, el período medio de tenencia implícito se estima en mucho menos de un año. Ante este contexto, un objetivo de diez años es un elemento deliberadamente diferenciador. Refleja el convencimiento de que la creación sostenida de valor, y no el impulso de los precios a corto plazo, es el factor que en última instancia determina la rentabilidad del accionista. Al centrarnos en la creación de valor —ratios de beneficio por acción o crecimiento del valor contable más rentabilidad por dividendo—, tratamos de basar nuestras expectativas en mayor medida en los fundamentos que en el estado de ánimo del mercado.

Esta diferencia de perspectiva también condiciona el comportamiento del inversor. Un período de tenencia corto le lleva a centrarse en las revisiones trimestrales de los resultados empresariales, la situación macroeconómica y el impulso. En cambio, con un planteamiento a diez años, debe evaluar la composición del sector, la calidad del liderazgo, la disciplina en la asignación del capital y la fortaleza de las ventajas competitivas en diferentes ciclos económicos.

Adoptar períodos de tenencia más largos también da un mayor margen para generar valor mediante la participación en la empresa y la delegación de voto, puesto que, de esa manera, la mejora de la rentabilidad puede exigir años de diálogo para impulsar los cambios adicionales necesarios.

El valor de la gestión activa

Para que sea eficaz, estamos convencidos de que la inversión a largo plazo debe ser activa. En nuestra opinión, este planteamiento tiene más vigencia que nunca, dada la desconcertante mezcla de fuerte ruido mediático y cambio estructural a la que asistimos hoy, y nos obliga a reflexionar detenidamente sobre las características del cambio: ¿es un contratiempo cíclico o pasajero o bien se trata de un deterioro estructural? En el primer caso, estamos preparados para aprovechar las oportunidades que brinda la volatilidad, incorporando empresas de alta calidad. En el segundo, actuamos con decisión. Si perdemos la confianza en la sostenibilidad de la rentabilidad del capital o en la administración responsable que las sustenta, nos desprendemos de nuestra inversión en su totalidad. En Global Stewards, estas disciplinadas decisiones de venta han reforzado la solidez de la estrategia y han reflejado la voluntad de reconsiderar nuestras convicciones cuando la realidad cambia.

En nuestra opinión, la ambición de mantener una inversión a largo plazo debe quedarse en eso y no convertirse en una regla estricta. Por ejemplo, incluso con nuestra perspectiva de diez años o más, prevemos una rotación considerable en períodos de cinco años. Los cambios de liderazgo, la dinámica competitiva, los errores en la asignación del capital o los cambios sectoriales estructurales pueden modificar las expectativas en el futuro hasta el punto de hacer improbable el cumplimiento de los resultados a largo plazo. Ceñirse a la disciplina de respaldar una empresa durante una década obliga a perfeccionar los criterios de entrada, pero, a nuestro parecer, no debería impedir a los inversores ser pragmáticos a la hora de ajustar la cartera cuando cambian las circunstancias.

En períodos de mayor volatilidad e incertidumbre, pensamos que cobra una especial relevancia adoptar una perspectiva activa a largo plazo. Un criterio más exigente en la incorporación de los títulos reduce la tentación de tratar de atrapar el impulso o de hacer concesiones en materia de administración responsable. Refuerza, asimismo, el interés por las empresas que pueden reinvertir en momentos de adversidad y adaptar su estrategia sin poner en peligro su compromiso con todas las partes interesadas. Nuestra estrategia hace hincapié en ese pragmatismo. Buscamos empresas que puedan gestionar contextos cada vez más complejos, tomar decisiones difíciles sobre los intereses de las distintas partes interesadas y asignar capital de forma eficiente para generar valor sólido y sostenible a largo plazo.

En períodos de tenencia más dilatados, el papel de unos consejos de administración firmes y capacitados también adquiere mayor valor. Nos decantamos por empresas cuyos órganos de dirección no se quedan en la mera supervisión, sino que se anticipan y ofrecen perspectivas novedosas a los retos estratégicos —como las amenazas y las oportunidades derivadas de la irrupción de la IA o de unas cadenas de suministro cada vez más inseguras—. Buscamos asimismo procesos de toma de decisiones ágiles y basados en estrategias a largo plazo.

Somos de la idea de que combinar una auténtica visión a largo plazo con una estrategia pragmática puede contribuir a obtener una diferencia de rentabilidad a lo largo del ciclo, tal y como ilustran los siguientes casos prácticos.

  • Caso práctico 1. Cómo aprovechar la volatilidad del mercado
    Un fabricante de maquinaria agrícola líder en el mercado, que cuenta con una sólida ventaja competitiva, ha experimentado una notable evolución en los últimos años que le ha permitido obtener márgenes estructuralmente mayores y más robustos en comparación con ciclos anteriores. Un factor clave de nuestra confianza en él ha sido su transición hacia un modelo de negocio con más peso tecnológico, a partir del cual ha aumentado su capacidad de fijación de precios, ha reducido los costes de producción de sus clientes, ha mejorado el impacto medioambiental y, en última instancia, ha logrado que sus resultados dependan menos del ciclo. Además, la compañía ha perfeccionado su disciplina operativa al armonizar la producción con la demanda, limitando así la acumulación de existencias y preservando la capacidad de ajuste de los precios.

    Si bien sus decepcionantes previsiones de resultados a finales de 2023 se tradujeron en una menor rentabilidad relativa de sus acciones y en una contracción de la valoración de la empresa, gracias a nuestro horizonte de inversión de más de diez años pudimos abstraernos de esta corrección cíclica. De hecho, aprovechamos la debilidad de la cotización para aumentar nuestra posición hasta convertirla en una mayor ponderación activa de la cartera.

    A medida que avanzaba el ciclo, la respuesta proactiva del equipo gestor en términos de producción e inventarios ante la desaceleración —que permitió sostener la fortaleza de los márgenes— hizo que la compañía superara las expectativas del mercado. Con la consiguiente subida de la cotización, recortamos la posición a una ponderación activa más reducida sin abandonar nuestra convicción en la tesis de inversión a largo plazo.

  • Caso práctico 2. Cómo lidiar con el riesgo disruptivo de la IA
    Un proveedor de servicios de recursos humanos y nóminas se encuentra actualmente presionado por el mercado debido a la posible competencia de herramientas de IA de menor coste y a la amenaza general que esta tecnología puede suponer para el empleo. Nuestro prolongado horizonte de inversión nos permite elevarnos por encima del pesimismo para fijarnos en la solidez de los catalizadores de la rentabilidad a largo plazo.

    Tanto el diálogo activo con los administradores de la empresa como las últimas perspectivas de los analistas sectoriales globales de Wellington nos han permitido reforzar nuestra tesis de inversión. En concreto, seguimos convencidos de que la empresa goza de una sólida posición competitiva. La elaboración de las nóminas está muy regulada y es una tarea crítica, pues cualquier error puede acarrear una penalización grave. Por otra parte, el hecho de que la empresa maneje efectivo de sus clientes antes de que cobren los empleados genera una gran confianza entre ambos y hace más difícil un posible cambio de proveedor. Estas ventajas apuntalan su ya sólida capacidad de retención de clientes y refuerzan su ventaja competitiva.

    A su vez, consideramos a la empresa bien posicionada para aprovechar su escala, los datos sujetos a derechos de propiedad y sus capacidades en IA para mejorar la productividad y su proceso de toma de decisiones internamente, sin renunciar a sus estrictas exigencias de privacidad, seguridad y ética. Por último, creemos que el equipo de dirección tiene capacidad de adaptación y es proactivo a la hora de abordar el cambio tecnológico, lo que ayuda a la empresa en esta transición. Por ello y por nuestra sólida tesis de inversión a largo plazo, incrementamos nuestra posición en la empresa cuando bajó su valoración.

Los puntos de vista expresados en el presente documento son los de sus autores en el momento de su redacción. Otros equipos pueden tener diferentes puntos de vista y tomar diferentes decisiones de inversión. El valor de su inversión puede pasar a ser mayor o menor con respecto al momento de la inversión original. Aunque los datos externos utilizados se consideran fiables, no se garantiza su exactitud. Destinado exclusivamente a inversores profesionales, institucionales o acreditados.

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