La calidad ha sido durante décadas uno de los pilares de la inversión en renta variable. Las compañías de calidad —caracterizadas habitualmente por un elevado flujo de caja libre, una alta rentabilidad sobre el capital, bajo apalancamiento y beneficios estables— tienden a liderar el mercado a lo largo de ciclos completos. Suelen mostrar una mayor resiliencia en entornos de volatilidad y, a largo plazo, las acciones de calidad han generado una rentabilidad superior tanto en Estados Unidos como a nivel global.
No obstante, la calidad ha quedado rezagada desde 2021, con una acusada rentabilidad inferior en 2025 tras los mínimos del mercado registrados el 8 de abril.
¿Qué factores lastraron la calidad en 2025?
Aunque la calidad ya afrontaba retos desde 2021, varios factores explican su acusado retroceso en 2025:
- La prolongada incertidumbre llevó a los inversores a refugiarse en la calidad, generando un posicionamiento masivo.
El periodo comprendido entre la pandemia de 2020 y el 9 de abril del año pasado estuvo marcado por el temor a una recesión y por el debate recurrente sobre si la economía global se encontraba en una fase intermedia o final del ciclo. En este contexto de elevada y persistente incertidumbre, la reputación de la calidad como activo refugio la convirtió en una opción lógica para muchos inversores. Sin embargo, esto dio lugar a una fuerte concentración en acciones de calidad, hasta el punto de que la valoración del factor calidad alcanzó máximos históricos a comienzos de 2025. Este «exceso de flujos» se volvió especialmente relevante cuando las empresas de calidad empezaron a ofrecer resultados inferiores a los esperados. - Con el cambio de ciclo, la calidad perdió atractivo.
Con mayor o menor fundamento, los mercados interpretaron que el 8 de abril marcaba un mínimo cíclico en la economía global. Desde entonces, la renta variable se ha recuperado, pero este inicio de ciclo ha favorecido a valores con mayor apalancamiento cíclico, como los de beta elevada, menor calidad y, más recientemente, las compañías de pequeña capitalización. Las acciones de alta calidad suelen comportarse mejor en periodos de incertidumbre económica y de mercado, no en las fases iniciales de recuperación.
A medida que los mercados repuntaban gracias a la desregulación y al respaldo monetario y fiscal, los inversores redujeron su exposición a la calidad, lo que provocó un acentuado deterioro de su rentabilidad. - Los cambios en la dinámica del mercado de renta variable impulsaron estas tendencias.
Los programas de estímulo anunciados en Estados Unidos, Europa y Japón, junto con el aumento de la participación minorista y de la actividad especulativa, aceleraron aún más la rotación. En este entorno, los inversores minoristas actuaron con rapidez —y en muchos casos con éxito— para aprovechar las oportunidades. Los valores de mayot beta comenzaron a comportarse como activos de momentum, la narrativa del mercado pasó a estar dominada por el segmento minorista, y el periodo en el que la calidad se veía recompensada llegó a su fin de forma abrupta. Un ejemplo ilustrativo es la marcada preferencia por empresas más volátiles y con menor solidez financiera, que llevó a las tecnológicas no rentables a registrar una rentabilidad muy superior a la del S&P 500 en 2025. Un fenómeno comparable ocurrió a finales de 2020 y comienzos de 2021, con la aparición de las llamadas «acciones meme», que luego perdieron fuerza conforme el mercado se estabilizaba. - Todo ello desembocó en una doble penalización para la rentabilidad relativa.
Como es natural, los inversores con una sobreponderación en valores de alta calidad suelen mantener una infraponderación en empresas de baja calidad. En un año en el que la alta calidad obtuvo una rentabilidad inferior y los valores de baja calidad y beta elevada destacaron, el impacto sobre la rentabilidad relativa fue especialmente negativo.
¿Y ahora qué?
Si unimos todos estos elementos, obtenemos una narrativa clara que explica el bajo rendimiento de la calidad. Esto encaja con uno de los patrones más habituales en la evolución de la calidad a lo largo de los ciclos del mercado. En fases bajistas, las empresas de alta calidad suelen comportarse bien, como ocurrió al inicio de la pandemia en 2020, pero tienden a quedarse rezagadas cuando los mercados se recuperan, que fue precisamente lo que sucedió en el repunte de finales de 2020 y comienzos de 2021. Existen algunas similitudes entre 2025 y principios de 2021: ambos periodos siguieron a etapas de incertidumbre extrema y estuvieron marcados por una fuerte participación minorista.
Pero, ¿qué implicaciones tiene para los inversores en la actualidad? Antes de reevaluar los posibles beneficios de la calidad dentro de las carteras, conviene aclarar qué no ha cambiado:
- El historial de la calidad a largo plazo permanece intacto.
Las empresas de calidad han superado sistemáticamente al mercado a largo plazo, tanto en Estados Unidos como a nivel global. Consideramos que esta dinámica continuará. - Existen todavía numerosos motivos para mantener empresas de calidad.
Las compañías con balances sólidos, elevado flujo de caja libre, alta rentabilidad sobre el capital y beneficios estables están bien posicionadas para el futuro, incluso si la rentabilidad a corto plazo no resulta satisfactoria. El factor calidad obtiene mejores resultados precisamente porque estas empresas generan crecimiento y rentabilidad consistentes a lo largo de los ciclos económicos y de mercado. Esto crea un perfil de rentabilidad en el que la participación en las subidas suele superar la de las bajadas. - La calidad rinde especialmente bien en periodos de incertidumbre.
Su fortaleza es más evidente en entornos de volatilidad económica y de mercado. Aunque actualmente los mercados atraviesan una fase de recuperación cíclica, no hay garantías de que esta tendencia se mantenga, sobre todo en un contexto más volátil y menos sincronizado. La exposición a la calidad debería ofrecer una combinación atractiva de capacidad ofensiva a largo plazo y defensiva a corto plazo. Por el contrario, las empresas de baja calidad y beta elevada pueden resultar interesantes ahora, pero a menudo carecen de los cimientos sólidos que sostienen la resiliencia cuando el ciclo cambia.
En conjunto, los últimos años han supuesto un reto para la calidad, aunque su evolución es fácilmente explicable. Un punto de partida muy saturado, unido al repunte de los mercados y a los cambios en su dinámica, generó un contexto poco favorable para que la calidad liderase la rentabilidad.
Sin embargo, ninguno de estos factores invalida la lógica de invertir en calidad. El historial a largo plazo permanece intacto, las características que definen a las empresas de calidad siguen siendo relevantes, y la experiencia demuestra que es en los periodos de incertidumbre cuando la calidad aporta mayor valor.