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Los mercados infravaloran la persistencia de la inflación

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2027-12-23
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Este artículo es un extracto de nuestro Outlook de inversión de mitad de año, en el que especialistas de toda nuestra plataforma de inversión comparten sus análisis sobre las fuerzas económicas y de mercado que prevemos que influirán en las carteras.

Aspectos destacados

  • A pesar del repunte de la incertidumbre geopolítica, los mercados siguen descontando una resolución relativamente rápida y duradera del conflicto entre EE. UU. e Irán, además de una normalización del suministro y de los precios de la energía y una estabilización del crecimiento y la inflación.
  • Si esa previsión se cumple, es probable que los mercados retomen rápidamente las fuertes perspectivas de crecimiento que, impulsadas por las políticas económicas, empezaban a consolidarse a principios de año.
  • Sin embargo, creemos que el riesgo se inclina hacia un repunte más sostenido de los precios de la energía y la inflación.
  • Incluso si el estrecho de Ormuz reabre en las próximas semanas, las perturbaciones en los mercados energéticos tardarán en disiparse. Nuestro equipo de expertos en materias primas prevé que el precio del petróleo se mantendrá, de media, por encima de los 100 dólares por barril este año.
  • Por su parte, los responsables políticos están tratando de amortiguar el impacto de la crisis energética. Tanto la política monetaria como la fiscal ya eran expansivas antes del conflicto y, desde entonces, se han relajado aún más.
  • El encarecimiento sostenido de la energía intensificará la divergencia regional y deteriorará aún más la credibilidad de la política monetaria y fiscal, en un momento en el que los inversores se muestran cada vez más dispuestos a penalizar a las economías más vulnerables.
  • En un escenario extremo, los países que pierdan el control de la inflación y de sus déficits públicos podrían experimentar un peor desempeño de sus activos de riesgo, similar al observado en la década de 1970. Aunque aún estamos lejos de la magnitud de la crisis del petróleo de los años setenta, el riesgo de una dinámica similar aumentaría si la guerra con Irán se prolonga más de lo que descuentan los mercados.

En nuestro informe de perspectivas para 2026 señalábamos que se daban las condiciones para que el crecimiento nominal se acelerara a lo largo del año gracias al contexto de políticas económicas laxas. Asimismo, sosteníamos que los mercados estaban subestimando un repunte de la inflación desde niveles ya elevados y que tanto la recesión como la estanflación constituían riesgos de cola. Durante los primeros meses del año, antes del estallido del conflicto entre EE. UU. e Irán, la mejora de los datos de crecimiento nominal y de los indicadores adelantados respaldó esta tesis. Sin embargo, mientras los mercados seguían descontando un escenario favorable y confiando en que la IA mantendría los precios contenidos a corto y medio plazo, la inflación comenzaba a acelerarse en algunas economías del G7.

Perspectivas favorables ante el riesgo de estanflación

El conflicto entre EE. UU. e Irán ha convertido un riesgo de cola en una amenaza tangible que puede frenar el impulso de crecimiento observado a principios de año. La magnitud de su impacto en las perspectivas para 2026 y a largo plazo dependerá de dos factores clave:

  • el nivel que alcancen los precios de la energía y su duración, dado que los efectos tienden a intensificarse con el tiempo; y
  • la respuesta de los responsables políticos, ya que un apoyo fiscal excesivo o una mayor tolerancia a la inflación podrían agravar involuntariamente la crisis.

Los mercados aún descuentan el escenario más favorable

En el momento de redactar este comentario, los mercados continúan descontando mayoritariamente una resolución relativamente rápida y duradera, seguida de la normalización de los flujos energéticos, precios, crecimiento e inflación.

Si esa previsión se cumple en líneas generales, es probable que los mercados retomen rápidamente las fuertes perspectivas de crecimiento. El repunte de los precios de la energía y la incertidumbre asociada al conflicto podrían reducir la tasa de crecimiento global en el segundo y tercer trimestre de este año, aunque solo de forma transitoria. Muchos bancos centrales optarían por considerar este shock como temporal y mantendrían sin cambios su política monetaria. En este escenario, la continuidad de las políticas expansivas debería impulsar una nueva aceleración del crecimiento en lo que queda de 2026.

En conjunto, este contexto sería positivo para los activos de riesgo. La atención volvería a centrarse en las cuestiones predominantes antes del conflicto, en particular:

  • si el efecto desinflacionista de la IA basta para contrarrestar la aceleración estructural de la inflación; y
  • el potencial de diversificación más allá de los activos en dólares a medida que los aranceles y la volatilidad institucional lastran los flujos de capital hacia EE. UU.

El balance de riesgos se inclina cada vez más hacia un repunte de los precios de la energía y la inflación

No obstante, creemos que aumenta el riesgo de que los precios de la energía y la inflación permanezcan elevados durante más tiempo.

En primer lugar, nuestro equipo de expertos en materias primas señala un aumento en la probabilidad de que los precios del petróleo permanezcan elevados. Aunque el estrecho de Ormuz reabriera en las próximas semanas, su previsión es que el crudo se mantendrá, de media, por encima de los 100 dólares por barril este año.

En segundo lugar, los responsables políticos están tratando de amortiguar el impacto de la crisis energética. La política monetaria y la fiscal ya eran expansivas antes del conflicto y, desde entonces, se han relajado aún más. El deterioro de las expectativas de inflación ha situado los tipos reales medios de los mercados desarrollados en terreno negativo. Las condiciones financieras son más laxas que a finales de febrero y la política fiscal se ha relajado aún más en términos marginales.

Una fuente clave de divergencia regional y nacional
El impacto sobre el crecimiento de una crisis energética prolongada no es uniforme. En este sentido, Asia y Europa son las principales afectadas. En el caso de EE. UU., su condición de exportador neto de energía permite compensar parcialmente la presión sobre la renta disponible de los hogares y los márgenes empresariales con las ganancias del comercio exterior. Y, para algunos grandes exportadores de materias primas, el impacto puede ser incluso positivo para el crecimiento gracias al aumento de los ingresos por exportación.

Nuevo desgaste de una credibilidad política ya en entredicho
Desde la pandemia, la política económica en el mundo desarrollado se ha mantenido persistentemente laxa. Aunque esta postura ayudó a amortiguar el impacto de la crisis sanitaria, tanto la guerra en Ucrania como el conflicto entre EE. UU. e Irán han erosionado la credibilidad monetaria y fiscal acumulada durante las dos últimas décadas.

  • Los déficits fiscales se mantienen persistentemente elevados desde la pandemia, a pesar del fuerte crecimiento nominal. Ante esta situación, los mercados han incorporado mayores primas de riesgo soberano. De hecho, los mayores aumentos se han registrado en los países más alejados de la disciplina fiscal.
  • Por su parte, los bancos centrales han mantenido una política monetaria acomodaticia de forma continuada. Como resultado, las expectativas de inflación a medio plazo superan el 2% en la mayoría de los mercados desarrollados y presentan desviaciones significativas en Japón, el Reino Unido y EE. UU.

Mientras estas dinámicas persistan, la presión al alza sobre las primas por plazo e inflación respalda nuestra visión de una senda estructuralmente ascendente de los rendimientos soberanos y de una mayor pendiente en las curvas.

Una crisis energética alargada aceleraría la pérdida de credibilidad

La respuesta de los bancos centrales de los mercados desarrollados ante el conflicto podría desanclar aún más las expectativas de inflación. El tono inicialmente agresivo ha dado paso a un enfoque más prudente. Si bien este enfoque evitaría un endurecimiento innecesario de la política monetaria en caso de que los salarios no se aceleren, supone un compromiso efectivo de ir por detrás de la curva si los salarios sí suben, y dificultaría aún más combatir los posibles efectos de segunda ronda sobre los salarios.

En el frente fiscal, el conflicto ha deteriorado aún más la senda de la deuda soberana por el aumento de los tipos y la creciente posibilidad de nuevos estímulos si la crisis se prolonga. La respuesta fiscal a la crisis energética sigue siendo contenida en comparación con 2022, aunque algunos países, como Japón, Suecia y Alemania, ya han empezado a introducir topes o recortes de precios.

Respuesta creciente de los mercados

Aunque la erosión de la credibilidad fiscal y monetaria desde la pandemia ha sido gradual, los mercados de renta fija y divisas parecen descontarla cada vez más. Los países con mayores desviaciones de inflación a medio plazo respecto de sus objetivos muestran en estos momentos una mayor pendiente de la curva de tipos en los tramos a 10 y 30 años. También existe una potente correlación inversa entre la pendiente de la curva y la sostenibilidad de la deuda soberana: cuanto más frágiles son las finanzas públicas, más pronunciada es la curva. Y Japón, el país con la política monetaria menos ajustada y unas métricas de deuda soberana complejas, ha registrado movimientos significativos tanto en el tramo largo de la curva como en su divisa.

Implicaciones tangibles para la inversión

La conclusión que pueden extraer los inversores es que la credibilidad de las políticas económicas de gobiernos y bancos centrales se está convirtiendo en una fuente determinante de riesgo, pero también de oportunidades de rentabilidad, especialmente en países con dinámicas más frágiles. Japón, Reino Unido, Francia y Estados Unidos son mercados clave que conviene vigilar.

En los años setenta, a modo de ejemplo extremo, la pérdida de control de la inflación y de la credibilidad fiscal provocó un fuerte deterioro de la rentabilidad relativa de los activos. Países como el Reino Unido priorizaron el crecimiento nominal por encima de la estabilidad de la inflación durante la primera crisis del petróleo de 1974. Eso podría haber generado un crecimiento nominal excepcionalmente fuerte. Sin embargo, dado que la mayor parte de ese crecimiento vino de una inflación acelerada, el Reino Unido siguió registrando el peor comportamiento de los activos de riesgo, los rendimientos de bonos más altos y la divisa más débil. Un crecimiento nominal sólido es generalmente positivo para los activos de riesgo cuando la inflación es moderada, pero pierde ese efecto cuando se acelera con fuerza. En la década de 1970, Alemania, con políticas más restrictivas, sufrió más en términos económicos, pero registró un mejor desempeño de los activos.

Aunque estamos lejos de la magnitud de la crisis petrolera de hace 50 años, el riesgo de que se repitan estas dinámicas aumenta si el conflicto se prolonga más de lo que actualmente descuenta el mercado.

Opinión de nuestros expertos en materias primas

El estratega geopolítico Thomas Mucha y la Portfolio Manager de materias primas Elise Backman analizan el impacto de la actual situación del estrecho de Ormuz en el petróleo, la energía y otras materias primas.

Los puntos de vista expresados en el presente documento son los de sus autores en el momento de su redacción. Otros equipos pueden tener diferentes puntos de vista y tomar diferentes decisiones de inversión. El valor de su inversión puede pasar a ser mayor o menor con respecto al momento de la inversión original. Aunque los datos externos utilizados se consideran fiables, no se garantiza su exactitud. Destinado exclusivamente a inversores profesionales, institucionales o acreditados.

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