El sector de las infraestructuras despierta un gran interés debido al impulso de la inversión pública, la creciente necesidad de sistemas preparados para la IA, la mayor preocupación por la seguridad energética —acentuada por el conflicto entre EE. UU. e Irán— y el papel que desempeñan estos activos cotizados en las carteras en momentos de incertidumbre. ¿Cómo pueden los inversores aprovechar al máximo este potencial estructural?
Cómo sacar partido de los factores estructurales favorables
Los inversores estarán atentos a cómo estos factores estructurales se traducen en oportunidades concretas de inversión. Se espera que los compromisos de inversión —como el paquete de 500.000 millones de euros anunciado por Alemania para infraestructuras— impulsen nuevos proyectos. Además, la demanda de IA está transformando las infraestructuras físicas, mientras que la preocupación por la seguridad energética lleva a los gobiernos a invertir en generación, almacenamiento y redes eléctricas. Por todo ello, los inversores podrían concluir que la mejor forma de beneficiarse de estas tendencias estructurales favorables es invertir en valores de infraestructuras más cíclicos y volátiles en busca de crecimiento. ¿Cuál es el inconveniente? El problema es que este enfoque limita muchas de las ventajas que hacen de las infraestructuras un componente tan valioso para las carteras en el nuevo entorno económico: la capacidad de amortiguar las caídas, la protección frente a la inflación y la estabilidad de los ingresos.
Es posible que algunos inversores consideren que asumir una mayor volatilidad es un precio razonable a cambio de un mayor potencial de crecimiento. Este dilema tendría sentido si la elección se redujera, por un lado, a empresas de servicios públicos defensivas y de escaso crecimiento y, por otro, a valores de infraestructuras más volátiles y orientados al crecimiento. Pero ¿y si se tratara de un falso dilema?
Las tendencias actuales favorecen a todo el sector de infraestructuras
No es necesario invertir en negocios cíclicos para beneficiarse del impulso que recibe el sector de las infraestructuras.
El universo de inversión en infraestructuras cotizadas abarca una amplia variedad de empresas. Una parte corresponde a empresas más expuestas al ciclo económico —como las de transporte o las vinculadas a las materias primas—, mientras que las compañías de servicios públicos reguladas, con un crecimiento sostenido y dividendos estables, representan el segmento más defensivo del sector. Cabe destacar que el aumento de la inversión en infraestructuras favorecerá especialmente a este segundo grupo, gracias a los factores que impulsan su crecimiento.
Además de ser menos sensibles a los ciclos económicos que los valores cíclicos, las compañías de servicios públicos reguladas también se benefician de las tendencias estructurales actuales, como el aumento de la demanda de energía, especialmente de electricidad. Veamos por qué.
- Los reguladores reconocen la importancia de este crecimiento para el conjunto de la economía. Este hecho puede explicar por qué la mayoría de las compañías de servicios públicos reguladas están autorizadas a trasladar la inflación a sus tarifas, directa o indirectamente, incluso en periodos de inflación elevada como el actual. Además, numerosos organismos reguladores incentivan hoy a estas compañías para que mantengan la inversión en crecimiento mediante un aumento de la rentabilidad permitida.
- Asimismo, los compromisos de inversión pública en infraestructuras se traducirán en importantes desembolsos para la electrificación, la modernización de las redes eléctricas y el refuerzo de su resiliencia. Todas estas iniciativas están directamente relacionadas con la actividad de las empresas eléctricas reguladas. La incorporación de nuevas fuentes de energía, tanto convencionales como renovables, no solo exige su conexión a la red, sino también la modernización de la propia red para aumentar su capacidad.
- Por último, la resiliencia adquiere cada vez más importancia para los gobiernos preocupados por la seguridad energética. La descarbonización estimula la demanda de energías renovables, pero requiere inversiones en generación flexible y baterías para compensar la intermitencia de estas fuentes y garantizar un suministro eléctrico fiable. El aumento y la evolución de las necesidades energéticas, junto con las ciberamenazas, elevan el riesgo de interrupciones del suministro a gran escala, como el apagón que afectó a la península ibérica en 2025. En respuesta, los gobiernos y los reguladores conceden cada vez más importancia a la fiabilidad del suministro eléctrico. Entre las medidas destacan los pagos por capacidad a las compañías eléctricas integradas, una remuneración orientada a garantizar la disponibilidad de potencia cuando el sistema lo requiera.
Un ejemplo ilustrativo: El proceso de electrificación en Alemania plantea mayores dificultades que en otros países europeos, como Francia, debido a su dependencia histórica de los combustibles fósiles para calefacción. La red eléctrica alemana requiere mejoras urgentes, tanto para conectar nuevas fuentes de generación como para modernizar las conexiones existentes y atender una demanda creciente. Por ello, Alemania necesita invertir en sus redes más que otros países europeos. Este factor, sumado al renovado compromiso de Alemania con la inversión en infraestructuras, crea un entorno favorable para que el regulador eleve la rentabilidad permitida a las empresas de servicios públicos.
La rentabilidad no se limita a los dividendos
A primera vista, podría parecer que la rentabilidad de las compañías de servicios públicos depende principalmente de los rendimientos por dividendo. Esto nos lleva a otro falso dilema habitual entre quienes se plantean invertir en infraestructuras. Si no tengo más opción que recurrir a activos defensivos, debería buscar el mayor rendimiento posible. Sin embargo, si al igual que nosotros considera que el mercado sobrevalora los rendimientos actuales, pero infravalora el crecimiento sostenido y la reinversión, existe otra alternativa. Creemos que el crecimiento responde habitualmente a una necesidad o a una escasez, factores que suelen contar con el respaldo de los gobiernos o los reguladores. A partir de esta premisa, centrarse en activos regulados con potencial de crecimiento y vinculados a tendencias estructurales podría ofrecer un perfil atractivo de riesgo-rentabilidad y propiciar un aumento más rápido de los dividendos a largo plazo, especialmente en comparación con una exposición amplia al mercado de renta variable.
A nuestro juicio, el potencial de rentabilidad de las empresas de servicios públicos reguladas con capacidad para reinvertir en su propio crecimiento —en lugar de limitarse a repartir el exceso de efectivo en forma de dividendos— va en aumento por dos motivos. En primer lugar, el principal factor determinante de la creación de valor en las redes eléctricas es el nivel de rentabilidad permitido por el regulador. Los reguladores son cada vez más conscientes de que la rentabilidad autorizada debe fijarse en niveles atractivos para incentivar nuevas inversiones. Esta mayor convergencia de intereses entre las compañías de servicios públicos y los organismos reguladores empieza a reflejarse en propuestas para incrementar la rentabilidad nominal permitida para las redes de numerosas empresas europeas. En este contexto, unos niveles más elevados favorecen las inversiones destinadas al crecimiento, que deberían ofrecer a largo plazo mejores resultados que una estrategia orientada únicamente a obtener rendimientos.
En segundo lugar, llevamos tiempo convencidos de que las empresas que reinvierten pueden alcanzar una rentabilidad superior. Sin embargo, también es importante comprender que diversas compañías de servicios públicos europeas disponen de mecanismos para mejorar sus perspectivas de cara a los próximos años. Algunos marcos regulatorios —por ejemplo, los de Italia, el Reino Unido y Alemania— incluyen incentivos. Estos pueden ser de carácter operativo, como la superación de los índices de referencia de costes o el cumplimiento de determinados objetivos; o financiero, como la obtención de financiación a un tipo de interés inferior al fijado por el regulador. Gracias a estos incentivos, las empresas de servicios públicos con mejores resultados pueden obtener una rentabilidad superior a la establecida por los reguladores.
Un ejemplo ilustrativo: Aunque la rentabilidad nominal autorizada por el regulador alemán no parezca especialmente atractiva, existe un margen considerable para reducir los costes por debajo de los niveles de referencia, especialmente en las compañías de mayor tamaño.
Conclusiones
Aunque las infraestructuras son un sector en auge, la verdadera oportunidad reside en identificar activos capaces de beneficiarse de las perspectivas actuales de crecimiento y ofrecer una rentabilidad atractiva a largo plazo. Los inversores no tienen por qué asumir una exposición innecesaria a la ciclicidad ni renunciar a la protección frente a las caídas que brindan las infraestructuras para sacar provecho de las tendencias estructurales favorables. Las empresas estables capaces de generar ingresos recurrentes y de reinvertir al mismo tiempo en su crecimiento constituyen un pilar infravalorado, pero fundamental, de la próxima generación de infraestructuras.