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Mythos: poder y situación actual de la inteligencia artificial

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2027-05-31
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Thomas Mucha, Geopolitical Strategist
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En abril de 2026, la empresa de seguridad e investigación en inteligencia artificial (IA) Anthropic dio a conocer Mythos, uno de sus modelos más avanzados y que forma parte de un sistema más amplio, Claude. En la práctica, Mythos se ha diseñado para descubrir, razonar sobre y operacionalizar las vulnerabilidades y la resiliencia del software de forma autónoma, a una escala y con una profundidad que supera con creces a los sistemas controlados por humanos o basados en reglas.

Lo que distingue a Mythos de otros modelos de IA es su capacidad para analizar problemas desconocidos y generar estrategias de ataque y defensa novedosas, abriendo la puerta a aplicaciones claras en ciberoperaciones, protección de infraestructuras críticas, análisis de inteligencia y otros ámbitos de alto riesgo.

Sin embargo, la importancia de Mythos no radica en qué puede hacer, sino en qué implica su existencia. Desde mi punto de vista, Mythos no es otro modelo potente, va más allá de un gran avance en el ámbito de las herramientas de ciberseguridad. Es una señal clara de que la IA ha evolucionado de ser principalmente una tecnología económica a convertirse, por encima de todo, en un instrumento de seguridad nacional.

Es posible que, para la actual Administración estadounidense, el lanzamiento de Mythos también sea algo similar a un punto de inflexión. Al parecer, el presidente está estudiando la posibilidad de que las autoridades públicas supervisen la IA, lo cual supondría un cambio radical respecto a su enfoque de laissez-faire hacia las empresas tecnológicas que están construyendo los modelos.

La IA como infraestructura de seguridad nacional

Durante una gran parte de la última década, las propuestas de leyes en materia de IA se han ocupado de la ética, los sesgos, la alienación y la seguridad. Y, por supuesto, si ampliamos el foco, en la productividad, el impacto en los salarios, las implicaciones para la estructura industrial y cuestiones similares.

Todos ellos son debates necesarios, pero incompletos. Mythos lo pone en evidencia, pues, cuando los sistemas de IA comienzan a descubrir y operacionalizar de forma autónoma la resiliencia de un sistema a gran escala, dejan de ser herramientas que contribuyen al poder nacional para convertirse en componentes del propio poder nacional.

Por todo ello, pienso que la IA se parece cada vez más a una infraestructura estratégica que a un software. Como sucede con las constelaciones de satélites, los cables submarinos, los centros logísticos o las redes de inteligencia, vigilancia y reconocimiento (ISR, por sus siglas en inglés), su valor para la seguridad nacional reside en la escala, la continuidad y el control.

El cambio de paradigma: laboratorios líderes en IA y Estado

La segunda implicación fundamental de Mythos es de carácter institucional más que técnico. Los laboratorios más punteros en IA poseen hoy capacidades que los gobiernos apenas pueden replicar, evaluar o siquiera comprender plenamente en tiempo real.

Hasta ahora, a la hora de regular, los gobiernos asumían que iban ligeramente por detrás de la innovación, pero que, con el tiempo, serían capaces de ponerse al día. Este supuesto ya no es válido. El ritmo al que avanzan los modelos más punteros es tal que los ciclos de desarrollo se acortan mucho más rápido que los tiempos de respuesta legislativos, normativos y burocráticos. Nos encaminamos hacia un mundo en que el factor limitante ya no será la innovación, sino la gobernanza — y, hasta ahora, la gobernanza está perdiendo la carrera—.

La relación entre los gobiernos y los laboratorios líderes se está invirtiendo: los Estados necesitan cada vez más a estas empresas que viceversa; no por los ingresos, sino por su capacidad estratégica. Es probable que Mythos también acelere este cambio y dé paso a una nueva economía política de la gobernanza de la IA. Los laboratorios ganan influencia, no ejerciendo presión contra la regulación, sino volviéndose indispensables. Los gobiernos, por su parte, pasan de intentar controlar la IA a procurarse un acceso preferente a ella. Es, en definitiva, un cambio discreto pero profundo.

Esa tensión constituye el eje central de mi argumento sobre la seguridad nacional: la IA ya no queda solo bajo el control del Estado; en cambio, cada vez se negocia más con ella, aun cuando se está convirtiendo en una de las principales herramientas del propio poder del Estado.

Implicaciones geopolíticas

Con respecto a la geopolítica, mi mensaje principal es que la competencia entre Estados Unidos y China es la principal dinámica organizativa del sistema internacional. La IA ha sido durante mucho tiempo un campo de batalla estratégico entre ambas superpotencias, pero los modelos más desarrollados e innovadores como Mythos exacerban esa rivalidad. De ser una carrera abstracta por el liderazgo tecnológico, se ha convertido en una auténtica pugna para conseguir ventajas de seguridad nacional.

Fruto de ello, parece probable que Washington y Pekín intensifiquen sus esfuerzos para proteger a los sectores críticos relacionados con la IA de sus dependencias externas, al tiempo que invierten recursos en el desarrollo de sus capacidades nacionales.

Esta presión quizá no se limite a los modelos y se extienda al conjunto de factores de producción necesarios para entrenar e implantar la IA del futuro: semiconductores avanzados, tierras raras, materiales especiales, generación de energía y fiabilidad de la red eléctrica, así como infraestructuras físicas y digitales que sustenten la capacidad informática a gran escala. Reducir la vulnerabilidad en estas áreas dejará de formar parte del marco de la política industrial para convertirse en un objetivo fundamental de seguridad nacional.

Implicaciones para la inversión

Desde el punto de vista de la inversión, el «momento Mythos» refuerza la necesidad de mantener una actitud abierta y adoptar un enfoque interdisciplinario en lo que se refiere a la IA y abandonar los planteamientos binarios. Los efectos de la IA, lejos de concentrarse en un pequeño grupo de beneficiarios, se harán sentir en todos los sectores y clases de activos. Y, una vez que los sistemas de IA superen ciertos umbrales clave de capacidad, la sustitución de puestos de trabajo, los ajustes de las valoraciones y las reestructuraciones de la competencia pueden sucederse rápidamente.

Algunos de los temas de inversión esenciales que me resultan más atractivos son:

  • Las infraestructuras siguen siendo fundamentales. La inteligencia en sí misma puede abaratarse, pero la capacidad para generarla, ampliar su escala e implantarla tiene limitaciones físicas. Los semiconductores, los equipos de red, los centros de datos, la generación de energía, la refrigeración y la capacidad de la red siguen siendo cuellos de botella, y la demanda sigue superando a la oferta en gran parte de los componentes de esta estructura.
  • El sector del software no está acabado, pero se está revisando su valor. Las perspectivas para la industria del software no han conocido hasta ahora un momento más delicado, ya que los inversores están reevaluando su valor residual, las ventajas competitivas sostenibles (moats competitivos) y la sostenibilidad de los márgenes ante el acelerado avance de los modelos de IA. Los probables beneficiarios serán empresas que utilicen la IA para impulsar los ingresos y ampliar los márgenes al mismo tiempo, frente a aquellos que la tratan como un argumento defensivo o una mera herramienta de recorte de costes.
  • Los efectos de segundo orden son al menos tan importantes como los de primer orden. La adopción de la IA no solo viene determinada por las limitaciones técnicas, sino también por la gobernanza, el cumplimiento normativo, el ajuste de la plantilla y las opiniones de la ciudadanía. La resistencia que provocan el desplazamiento laboral, la proliferación de centros de datos o los usos de alto riesgo pueden frenar la implantación de la IA, incluso aunque sus capacidades subyacentes sigan avanzando.
  • La competencia sostenida en la IA desde el punto de vista geopolítico impulsará aún más la inversión en temas de seguridad nacional. Para mí, esta es una cuestión esencial de mi modelo geopolítico general y puede brindar enormes oportunidades de inversión estructural.

A medida que la IA se integre en la recopilación de información, la ISR, las ciberoperaciones, los sistemas espaciales y el desarrollo de armas, la competencia entre las grandes potencias hará aumentar la demanda de gasto militar tradicional y de innovación en la defensa. Esto afectará a, entre otros, los siguientes ámbitos:
sistemas militares definidos por software; infraestructuras espaciales y satelitales; ciberresiliencia; tecnologías autónomas; logística; seguridad energética; y la base industrial necesaria para hacerlos posibles.

En resumen, no creo que la IA deba considerarse una burbuja ni que su impacto en la economía esté escrito. Más bien, es probable que se trate de una fuerza duradera y desigual que está reconfigurando los mercados en un contexto geopolítico en constante evolución y cada vez más fragmentado, así como de un factor disruptivo que seguirá creando oportunidades diferenciadas en el panorama inversor.

Los puntos de vista expresados en el presente documento son los de su autor en el momento de su redacción. Otros equipos pueden tener diferentes puntos de vista y tomar diferentes decisiones de inversión. El valor de su inversión puede pasar a ser mayor o menor con respecto al momento de la inversión original. Aunque los datos externos utilizados se consideran fiables, no se garantiza su exactitud. Destinado exclusivamente a inversores profesionales, institucionales o acreditados.

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