La prima de riesgo del petróleo vuelve a aumentar.
Tras una recuperación parcial del tráfico de petroleros durante el breve alto el fuego entre EE. UU. e Irán, el tránsito por el estrecho de Ormuz ha vuelto a sufrir graves interrupciones. Según nuestro seguimiento de petroleros, el flujo de crudo por el estrecho apenas alcanza el 25% del volumen previo a la crisis en el promedio de las últimas cuatro semanas. Tras el modesto repunte de junio, los datos apuntan a un deterioro en las últimas semanas.
La desviación de flujos en Arabia Saudí a través del oleoducto este-oeste hacia el mar Rojo ayuda a amortiguar parte de esta perturbación; sin embargo, incluso con esta infraestructura al límite de su capacidad, las exportaciones marítimas netas del Golfo se mantienen varios millones de barriles diarios por debajo de los valores anteriores al conflicto. Además, una escalada de los hutíes en el mar Rojo pondría en riesgo esta vía alternativa clave. Estos factores evidencian una realidad que el mercado energético y la economía mundial deben afrontar: el estrecho de Ormuz no tiene sustituto.
Las existencias reflejan una situación similar desde otra perspectiva. Tras uno de los mayores retrocesos trimestrales de la era moderna, los inventarios comerciales se encuentran entre un 6% y un 7% por debajo de la media de los últimos cinco años. Sin embargo, esta presión se ha aliviado en las últimas semanas gracias en gran parte a las acusadas caídas (drawdowns) de las reservas estratégicas de petróleo. Asimismo, las existencias de productos refinados estadounidenses han aumentado a pesar de los recientes descensos. Con todo, estabilizarse no es lo mismo que recuperarse. Dado que los márgenes de seguridad son reducidos, el riesgo geopolítico puede trasladarse de forma asimétrica a los precios, especialmente si aumenta la inestabilidad en el conflicto ruso-ucraniano, con nuevos ataques contra las infraestructuras energéticas y restricciones a las exportaciones de gasóleo ruso.
En términos de mercado, el crudo Brent podría situarse entre 90 y 100 dólares por barril en el tramo corto de la curva del petróleo durante las próximas seis semanas. Sostenemos esta visión con una convicción moderada, conscientes de que la situación puede cambiar rápidamente. Si el tránsito por el estrecho de Ormuz vuelve a la normalidad o se logra una clara desescalada, la prima geopolítica se reduciría y el Brent podría retroceder hacia la zona media de los 70 dólares por barril. Del mismo modo, un cierre prolongado o una escalada del conflicto podrían llevar los precios en el tramo corto por encima de los 110 dólares por barril, un umbral a partir del cual el mercado se ha mostrado históricamente mucho más sensible a los movimientos del crudo. Ante la rapidez con la que evoluciona la situación en la región, consideramos que ambas posibilidades constituyen alternativas plausibles a nuestro escenario central a corto plazo.