1. Renta variable: considerar la calidad como un ancla de la cartera
Aunque la calidad ha sido durante mucho tiempo un pilar de la inversión en renta variable, recientemente la rentabilidad del factor no ha sido la mejor, lo que ha generado dudas sobre su papel en las carteras. Desde nuestro punto de vista, esto refleja la necesidad de reconsiderar la definición de calidad en el entorno actual, más que un cambio en sus ventajas fundamentales.
Las definiciones tradicionales de calidad suelen basarse en métricas retrospectivas que pueden dejar de captar las características capaces de impulsar la resiliencia y el crecimiento. Creemos, por el contrario, que la calidad debe analizarse desde una perspectiva más dinámica y orientada al futuro. Una forma de plantearlo es considerar la calidad como una característica que determina si las compañías son capaces de transformar los cambios de tendencia en el crecimiento en resultados positivos sostenibles. Estas oportunidades suelen identificarse con mayor eficiencia en compañías capaces de demostrar un fuerte control sobre los principales motores operativos, un sólido historial del equipo gestor y resiliencia en el balance.
La reciente dinámica de los mercados está reforzando este cambio de enfoque. Las compañías de crecimiento de calidad, tradicionalmente líderes del mercado, ya no parecen capaces de justificar sus elevadas valoraciones en un contexto de mayores presiones sobre los márgenes y revisiones a la baja de los beneficios. Un universo más amplio de compañías, incluidas algunas históricamente consideradas más cíclicas, ha mostrado una mejora de sus fundamentales, con una generación de flujo de caja libre más sólida, mayores retornos sobre el capital y perfiles de crecimiento más resilientes. En este entorno, la calidad no ha desaparecido; lo que ha cambiado es su definición.
Creemos que capturar la calidad hoy exige ir más allá de las clasificaciones tradicionales y reconocer que están surgiendo nuevas fuentes de crecimiento sostenible y solidez financiera en un conjunto de oportunidades más amplio. En nuestra opinión, esta evolución refuerza la tesis de un enfoque activo con la flexibilidad necesaria para adaptar la definición de calidad a medida que cambia el liderazgo del mercado, sin dejar de lado compañías con fundamentales sólidos y capacidad para generar crecimiento compuesto sostenido.
2. Infraestructuras cotizadas: aumentar la exposición a las tendencias estructurales
Una cartera de renta variable bien estructurada puede potenciarse mediante una exposición cuidadosa a las tendencias seculares. Las infraestructuras cotizadas destacan en este sentido al ofrecer una vía de acceso atractiva a temáticas generacionales como la IA, la transición energética y la seguridad. El conocido «trilema» energético —la necesidad de equilibrar fiabilidad, asequibilidad y sostenibilidad— se ha vuelto más complejo en los últimos años y ha evolucionado hacia un «cuadrilema». La energía debe seguir siendo fiable, asequible y sostenible, pero ahora la capacidad de suministro eléctrico debe crecer para responder a una demanda creciente. La IA se ha convertido en un nuevo motor de demanda, lo que ha provocado un crecimiento del consumo eléctrico en los mercados desarrollados varias veces superior al observado en décadas anteriores.
Sin embargo, la generación eléctrica es solo uno de los elementos necesarios para responder al aumento de la demanda energética. En gran parte del mundo desarrollado —especialmente allí donde las energías renovables han crecido con rapidez—, la capacidad de generación ha superado la capacidad de la red para transportar y distribuir la electricidad. En conjunto, el incremento de la generación eléctrica y la modernización de las redes energéticas apunta a una inversión sostenida a largo plazo que no se limitará a 2026, sino que se mantendrá durante las próximas décadas.
Las utilities reguladas ocupan una posición central en el actual cambio estructural de la demanda. Respaldadas por un entorno regulatorio cada vez más favorable, ofrecen exposición a potentes temáticas generacionales de crecimiento, como la electrificación y la IA, sin asumir la volatilidad típicamente asociada a estas áreas.
3. Renta fija: adoptar un enfoque más deliberado
A pesar de que el entorno para la renta fija se ha vuelto más complejo, sigue siendo un componente esencial en una cartera diversificada. La desglobalización, la dinámica desigual de la inflación y la creciente preocupación por la sostenibilidad de la deuda —agravadas por las últimas tensiones geopolíticas en Oriente Medio— están impulsando una mayor divergencia en las políticas de los bancos centrales y en las trayectorias económicas.
Esto tiene importantes implicaciones para los inversores en renta fija. Ya no se trata simplemente de mantener bonos como complemento de la renta variable, sino de adoptar un enfoque más deliberado a la hora de construir el bloque de renta fija de las carteras. La flexibilidad y la selección de valores son fundamentales y, en nuestra opinión, favorecen un enfoque activo orientado a aprovechar las oportunidades derivadas de la dispersión y la divergencia entre regiones y sectores.
En este entorno, el crédito con grado de inversión puede actuar como elemento diversificador. Al ser emitidos por empresas financieramente sólidas, el riesgo de impago de estos bonos se ha mantenido tradicionalmente en niveles bajos, incluso en épocas de recesión. Además, sus fluctuaciones de precios tienden a ser menos pronunciadas que en los segmentos de mayor riesgo del mercado de crédito.
La gestión activa en renta fija no solo ayuda a proteger las carteras durante las fases bajistas del mercado, sino que permite a los gestores aprovechar la ampliación de los diferenciales para comprar bonos con fundamentales sólidos a precios inferiores a su valor estimado, al centrarse tanto en la evolución del precio como en la generación de ingresos. Este enfoque puede generar rentabilidades atractivas cuando los mercados se estabilizan y los diferenciales vuelven a estrecharse. Dar prioridad a flujos de caja estables y fundamentales sólidos, así como a puntos de entrada atractivos provocados por presiones técnicas —y no por un deterioro crediticio—, puede ayudar a los inversores a afrontar periodos de tensión en el mercado.
4. Diversificación: buscar fuentes de rentabilidad independientes del mercado general
Históricamente, los inversores han recurrido a una combinación de renta variable y renta fija para diversificar sus carteras, confiando en que la asignación de activos y la exposición al mercado en general aportaran la mayor parte de los beneficios. Este enfoque ha funcionado bien cuando la renta variable y la renta fija mantenían una correlación negativa de forma consistente. Sin embargo, esta relación se ha vuelto menos fiable en los últimos años (gráfico 1).