Con el deterioro de las finanzas del Gobierno estadounidense, los sólidos balances de las compañías tecnológicas resultaban comparativamente atractivos. En este sentido, los inversores buscaban activos capaces de preservar el poder adquisitivo en un entorno de inflación persistente. Como los beneficios de las compañías tecnológicas están vinculados en gran medida al PIB nominal, sus ingresos y flujos de caja aumentan al ritmo de la inflación, lo que convierte a estas acciones en una cobertura eficaz frente a la inflación en EE. UU. Desde 2020, el S&P 500 ha obtenido una rentabilidad anualizada en torno a un 14% superior a la de los bonos.
Estos factores contribuyeron a justificar unos múltiplos de valoración inusualmente elevados y, en gran medida, protegieron a las tecnológicas de la subida de tipos. Esta tesis de inversión empieza a perder fuerza debido al considerable endeudamiento de los hiperescaladores para financiar sus inversiones en infraestructura de IA. Este mayor apalancamiento reducirá el atractivo de sus balances frente al del Gobierno estadounidense.
Es probable que la emisión de deuda con grado de inversión, impulsada por un reducido grupo de estas compañías, alcance este año un récord cercano a los 2 billones de dólares. Muchos inversores se plantean si estas inversiones generarán una rentabilidad suficiente y, en última instancia, serán positivas para los beneficios. Sin embargo, la cuestión más importante podría ser el efecto del aumento del apalancamiento sobre los múltiplos de valoración.