El valor de la gestión activa
Para que sea eficaz, estamos convencidos de que la inversión a largo plazo debe ser activa. En nuestra opinión, este planteamiento tiene más vigencia que nunca, dada la desconcertante mezcla de fuerte ruido mediático y cambio estructural a la que asistimos hoy, y nos obliga a reflexionar detenidamente sobre las características del cambio: ¿es un contratiempo cíclico o pasajero o bien se trata de un deterioro estructural? En el primer caso, estamos preparados para aprovechar las oportunidades que brinda la volatilidad, incorporando empresas de alta calidad. En el segundo, actuamos con decisión. Si perdemos la confianza en la sostenibilidad de la rentabilidad del capital o en la administración responsable que las sustenta, nos desprendemos de nuestra inversión en su totalidad. En Global Stewards, estas disciplinadas decisiones de venta han reforzado la solidez de la estrategia y han reflejado la voluntad de reconsiderar nuestras convicciones cuando la realidad cambia.
En nuestra opinión, la ambición de mantener una inversión a largo plazo debe quedarse en eso y no convertirse en una regla estricta. Por ejemplo, incluso con nuestra perspectiva de diez años o más, prevemos una rotación considerable en períodos de cinco años. Los cambios de liderazgo, la dinámica competitiva, los errores en la asignación del capital o los cambios sectoriales estructurales pueden modificar las expectativas en el futuro hasta el punto de hacer improbable el cumplimiento de los resultados a largo plazo. Ceñirse a la disciplina de respaldar una empresa durante una década obliga a perfeccionar los criterios de entrada, pero, a nuestro parecer, no debería impedir a los inversores ser pragmáticos a la hora de ajustar la cartera cuando cambian las circunstancias.
En períodos de mayor volatilidad e incertidumbre, pensamos que cobra una especial relevancia adoptar una perspectiva activa a largo plazo. Un criterio más exigente en la incorporación de los títulos reduce la tentación de tratar de atrapar el impulso o de hacer concesiones en materia de administración responsable. Refuerza, asimismo, el interés por las empresas que pueden reinvertir en momentos de adversidad y adaptar su estrategia sin poner en peligro su compromiso con todas las partes interesadas. Nuestra estrategia hace hincapié en ese pragmatismo. Buscamos empresas que puedan gestionar contextos cada vez más complejos, tomar decisiones difíciles sobre los intereses de las distintas partes interesadas y asignar capital de forma eficiente para generar valor sólido y sostenible a largo plazo.
En períodos de tenencia más dilatados, el papel de unos consejos de administración firmes y capacitados también adquiere mayor valor. Nos decantamos por empresas cuyos órganos de dirección no se quedan en la mera supervisión, sino que se anticipan y ofrecen perspectivas novedosas a los retos estratégicos —como las amenazas y las oportunidades derivadas de la irrupción de la IA o de unas cadenas de suministro cada vez más inseguras—. Buscamos asimismo procesos de toma de decisiones ágiles y basados en estrategias a largo plazo.
Somos de la idea de que combinar una auténtica visión a largo plazo con una estrategia pragmática puede contribuir a obtener una diferencia de rentabilidad a lo largo del ciclo, tal y como ilustran los siguientes casos prácticos.